Una salus victis: Tierra Helada CAPÍTULO XXVI — Lista de deseos #2
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CAPÍTULO XXVI — Lista de deseos #2

Guderian abrió la boca. La cerró.

—No para descartar nada —dije—. No para ver cuál gana y quedarnos con esa. Para tener lo más cerca posible, en un campo de maniobras, la sorpresa desagradable que nos encontraríamos en un campo de batalla real. Para saber cómo nos matarían. Antes de que nadie lo intente.

Me recosté en la silla.

—Como decía el general Suvórov: entrenar duro, combatir relajado . Ese era un buen general, con una buena filosofía.

Guderian me miró un largo rato.

—Suvórov —dijo al fin—. El ruso.

—El ruso. Que no perdió una batalla en su vida. Sesenta y tantas. Ni una. Porque sus hombres llegaban al combate sabiendo ya cómo era. Porque lo habían sufrido antes en la instrucción. Peor.

Guderian se quedó callado.

Luego, muy despacio, se le fue el color de la cara.

El rojo. Se le quedó pálida. Y luego, más despacio todavía, le volvió otro color.

No el rojo de la emoción, sino otro. El de un hombre al que le acaban de quitar el suelo de debajo de los pies y, en el mismo momento, le han enseñado que debajo había otro suelo, más abajo, más firme, que no sabía que existía.

—Majestad —dijo, con la voz ronca—. ¿Cuándo quiere mi lista?

—Cuando la tenga.

—Mañana.

—No hace falta tan pronto, Herr Feldmarschall.

—Mañana, Majestad. —Guderian se levantó—. La tengo en la cabeza desde hace diez años. Solo me hace falta una noche para escribirla. —Se cuadró—. Y nadie me la había pedido nunca.

* * *

Berlín. Hotel Kaiserhof, habitación 412. 1 de abril, 23:40 hrs.

Guderian escribió toda la noche.

En la habitación del Kaiserhof donde se alojaba cuando estaba en Berlín, con la lámpara de la mesa encendida, en mangas de camisa, con el bastón de mariscal apoyado en la pared y una botella de agua mineral a medio vaciar.

Escribió a lápiz, en un bloc de hojas cuadriculadas, con su letra grande, inclinada, impaciente.

Tachó mucho. Rompió tres hojas. Empezó otra vez.

No escribía lo que se podía hacer. Lo había hecho durante diez años: escribir lo que la industria alemana podía fabricar, lo que el presupuesto permitía, lo que el Estado Mayor aceptaba. Pedir lo posible para que le dieran algo. Recortar sus ideas antes de que se las recortaran otros.

Esa noche, por primera vez en su vida, escribió lo que quería.

Y descubrió, a las dos de la madrugada, que lo que quería no se parecía al PzKw-1. Ni a nada.

A las cinco de la mañana tenía cuatro hojas. Las pasó a limpio con tinta. A las seis se afeitó, se puso el uniforme y se fue a la casa barroca.

* * *

Berlín. La residencia. Jueves, 2 de abril, 07:00 hrs.

— Carro de combate medio. Requisitos del mando de la caballería acorazada.

Guderian me lo leyó de pie, en la sala alargada, a las siete de la mañana, sin desayunar. Yo estaba sentado a la mesa. No le interrumpí.

— Uno. Misión. —Leyó—. Carro principal de la división acorazada. No de apoyo a la infantería. Destinado a romper el frente enemigo, explotar la ruptura en profundidad y destruir los carros enemigos que se le opongan. Debe ser capaz de hacer las tres cosas sin depender de otro vehículo.

» Dos. Peso. Entre veinticinco y treinta y cinco toneladas. No más. Más peso exige más motor, más combustible, puentes más fuertes y ferrocarriles más fuertes. Un carro que no puede cruzar un puente de carretera de una división de infantería no sirve a una división acorazada.

» Tres. Movilidad. Velocidad máxima en carretera, no menos de cincuenta kilómetros por hora.

Campo a través, no menos de treinta. Relación potencia-peso, no menos de quince caballos por tonelada; deseable, veinte.

Autonomía, no menos de doscientos kilómetros sin repostar.

Orugas anchas: no menos de quinientos milímetros, para que la presión sobre el suelo permita cruzar terreno blando, barro, nieve.

Suspensión de barras de torsión, con ruedas de rodaje grandes, imbricadas si es posible, para repartir el peso y suavizar la marcha, porque un carro que se sacude no puede disparar en movimiento ni su tripulación puede aguantar diez horas dentro.

» Cuatro. Protección. El blindaje frontal debe resistir el impacto de los cañones contracarro enemigos actuales y de la generación siguiente a distancias de combate normales. —Guderian levantó la vista un momento—. Aquí he escrito algo que no sé si es una tontería, Majestad. Lo dejo.

Siguió leyendo.

— La planchas del blindaje frontal deben estar inclinadas.

No verticales. Una plancha inclinada a sesenta grados ofrece al proyectil un espesor efectivo casi el doble que el real, y además tiende a desviarlo.

He visto fotografías del carro soviético BT y de los prototipos americanos de Christie.

Tienen el frontal inclinado. Creo que es el camino.

Espesor frontal deseado: sesenta a ochenta milímetros, inclinados. Laterales: treinta a cuarenta.

» Cinco. Armamento. Un cañón de alta velocidad, de calibre mínimo de cinco centímetros, deseable siete coma cinco, de tubo largo, capaz de perforar el blindaje frontal de cualquier carro enemigo a mil metros.

No un cañón corto de apoyo a la infantería: un cañón contracarro montado en un carro.

Dos ametralladoras: una coaxial y una en el casco. Munición: no menos de setenta disparos.

» Seis. Tripulación. Cinco hombres. Torreta de tres: jefe, artillero, cargador.

Ninguno de los tres debe hacer el trabajo de otro.

El jefe de carro no carga, no apunta: mira y manda.

Para eso necesita una cúpula en lo alto de la torreta con visión en todas direcciones, con episcopios blindados, para poder mirar sin sacar la cabeza.

Casco: conductor y radiotelegrafista-ametrallador.

» Siete. Radio. En todos los carros. Emisora y receptora en todos los carros, no solo en los de mando. Intercomunicador para la tripulación. Un carro que no puede hablar con los demás es un carro solo. Y un carro solo es un carro muerto.

» Ocho. Ópticas. Las mejores. De Zeiss. Un artillero que no ve no dispara, y un artillero que dispara sin ver desperdicia munición y se delata.

» Nueve. Fiabilidad y producción. Fácil de mantener en campaña. Motor que se pueda cambiar en un día con una grúa de taller. Piezas comunes con otros vehículos de la división. Diseñado para fabricarse en serie, en grandes cantidades, en fábricas que no han hecho nunca un carro.