CAPÍTULO XII — Telegramas
Berlín y Europa.
Todos los gobiernos de Europa habían escuchado la coronación en directo.
La había emitido la Deutschlandsender en onda larga, y veinte emisoras más la habían retransmitido: la BBC desde Londres, Radio-Paris, la INR desde Bruselas, la RAVAG desde Viena, Radio Praga, la Polskie Radio desde Varsovia, la EIAR desde Roma, Radio Vaticano.
En la Casa Blanca la habían oído a las seis de la mañana, hora de Washington, por onda corta, con interferencias, gracias a un radioaficionado de Nueva Jersey que había llamado al Departamento de Estado a las cuatro para avisar.
En el Kremlin, a las dos de la tarde, hora de Moscú, en ruso, traducida simultáneamente por un intérprete del Comisariado de Asuntos Exteriores que había tenido que parar dos veces porque no sabía cómo traducir
Rex et Imperator
.
No hacía falta que nadie les contara lo que había pasado. Lo habían oído.
Pero los embajadores escribieron sus telegramas igual. Porque un embajador no está para contar lo que se oye por la radio. Está para contar lo que no se oye.
* * *
De la Embajada de Francia en Berlín al Ministerio de Asuntos Exteriores, París. N.º 412. Muy urgente. Reservado. Cifrado. 3 de febrero de 1936, 15:10.
Para el señor ministro.
Vuestra Excelencia habrá escuchado la ceremonia por radio. Me limito a añadir lo que la radio no transmite.
1. No había un solo carro de combate, ni una sola pieza de artillería, ni un solo vehículo blindado en toda la extensión del ceremonial.
Solo infantería con fusil sin bayoneta. La ausencia era deliberada y elocuente.
Este hombre ya no necesita enseñar su fuerza; sabe que la hemos visto.
Me permito sugerir que la misma deducción se aplique a nuestra frontera del noreste.
2. Los once altos mandos de la antigua Wehrmacht asistieron sentados en sillas de tropa contra las columnas de la Puerta.
Todos, sin excepción, se habían retirado de la guerrera el águila con la cruz gamada.
Por lo que sé, no lo había ordenado nadie.
Se pusieron de pie y saludaron al ser coronado.
El general Beck lo hizo con un retraso visible.
3. El coronado no pronunció una sola palabra. Ni antes, ni durante, ni después. Asintió una vez al capitán que lo había coronado y se retiró.
4. La fórmula de coronación, que Vuestra Excelencia habrá oído, contiene una frase que considero esencial y que solicito sea estudiada con la máxima atención por el Quai: «por medio de las armas si fuera necesario, mas no preferido».
Y a continuación: «esto último, que lo recuerden también quienes lo ven».
El capitán se volvió hacia la escalinata de esta embajada al pronunciarla.
Hacia mí. No tengo duda de que era a Francia a quien se dirigía.
5. La multitud, que estimo en más de cien mil personas, no fue unánime. Hubo aclamación, mucha. Hubo también silencio, y algunos se fueron. No hubo ningún saludo hitleriano que yo pudiera observar.
6. Opinión personal. He servido cuatro años en este puesto.
He visto a Hitler en todas sus tribunas.
He oído todos sus discursos. Esta mañana he visto lo contrario de todo aquello: un poder que no grita, una corona que no brilla, un rey que no habla.
No sé si es mejor o peor para Francia. Sé que es más peligroso, porque no lo entendemos, y que es preferible a lo que había, porque Hitler nos quería destruir y este, por lo que veo, no nos quiere para nada.
Lo cual no es lo mismo que dejarnos en paz.
Ruego instrucciones sobre la cuestión del reconocimiento. Me permito recordar que, si no reconocemos, no tengo a quién dirigirme. Y si no tengo a quién dirigirme, no sabremos nada.
François-Poncet.
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From British Embassy, Berlin, to Foreign Office, London. No. 87. Immediate. Secret. By bag and by telegraph. 3rd February 1936, 15:45.
Sir Eric Phipps to Mr. Eden.
You will have heard the broadcast. I have the honour to add the following observations.
The coronation was conducted entirely by the military.
There was no clergy present, no religious rite, no anointing, no oath sworn by the sovereign.
The crown was placed by a captain of infantry.
I am informed that he is the officer who commands the night guard at the King’s field headquarters at Tempelhof, where His Majesty has resided in a tent since the 26th ultimo.
The crown itself is of plain wrought iron, with three points terminating in spheres of clear glass or crystal. It bears no precious stone or metal. I estimate its value at a few shillings. I consider that this is intended to be noticed.
The formula of coronation contained, as you will have heard, explicit references to the mortality of the sovereign and to divine judgment, drawn from Hebrews ix.
27 and Genesis iii. 19. I am not aware of any precedent in modern European monarchy for a coronation in which the sovereign is publicly reminded, at the moment of crowning, that he will die and be judged.
The nearest parallel is the Roman triumph.
I would draw your particular attention to the phrase «the iron has given you the throne, and you govern by it». This is Bismarck’s «iron and blood», with the blood omitted. I do not think the omission is accidental.
The King did not speak. I have reflected on this during the past three hours and have come to the conclusion that it was the most eloquent speech I have heard delivered in Germany.
I have the honour to request instructions regarding recognition.
I would add, privately, that I have never in thirty-seven years of service seen a Prussian general weep in public. This morning I saw one.
Phipps.
* * *
Embassy of the United States of America, Berlin. To the Secretary of State, Washington. No. 1394. Triple priority. Strictly confidential. February 3, 1936, 4 p.m.
For the Secretary and the President.
I was present at the ceremony this morning, standing on the steps of the French Embassy with my colleagues. I have tried to set down what I saw without adjectives. I have not entirely succeeded.
The King is young. I would put his age at not more than thirty-five. He wore no uniform and no insignia, only a plain grey field greatcoat of the kind issued to private soldiers. He was crowned by a captain. The crown is iron. The King did not speak.
I have studied history all my life. I have read about a great many coronations. I know of none like this one. Charlemagne was crowned by a Pope. Napoleon crowned himself. This man was crowned by the man who guards his door at night, and told, in public, that he was dust.
I wish to report one small thing which the radio could not show.
At the moment the crown was placed upon his head, the King’s eyes were not on the crowd, or on the generals, or on us.
They were fixed on something far down the avenue, to the east. I followed his gaze.
There was nothing there but the dome of the old Royal Palace, and the sky.
I do not know what he was looking at. I have the strong impression that he was looking at something that was not there.
I recommend that the question of recognition be studied carefully and without haste. I also recommend, with respect, that it not be studied too slowly.
Dodd.
* * *
Nunciatura Apostólica en Alemania. A Su Eminencia Reverendísima el Señor Cardenal Secretario de Estado. N.º 2117/36. Reservadísimo. Berlín, 3 de febrero de 1936.
Eminencia Reverendísima:
Tengo el honor de informar a Vuestra Eminencia que he asistido esta mañana, junto con los demás jefes de misión, a la ceremonia de coronación del señor Konrad, que ha tomado el título de Rex et Imperator.
Vuestra Eminencia habrá oído la fórmula. Me permito señalar a Vuestra Eminencia, con todo respeto, las siguientes observaciones.
Primera. No ha habido intervención eclesiástica de ninguna clase. Ni católica ni protestante. Ni siquiera una bendición. El coronado no ha solicitado ninguna, que yo sepa. Ningún obispo alemán ha sido invitado.
Segunda. Sin embargo, la fórmula de coronación contiene dos citas de la Sagrada Escritura, literales: la Epístola a los Hebreos, 9, 27, y el libro del Génesis, 3, 19, en la forma en que la Iglesia la usa en la liturgia del Miércoles de Ceniza.
No me consta que el coronado, ni el capitán que pronunció la fórmula, sean católicos. No me consta que no lo sean.
Tercera. La palabra «Imperator» ha sido pronunciada en latín. No me corresponde juzgar la intención, pero me permito recordar a Vuestra Eminencia que el último emperador coronado en esa lengua en tierra alemana lo fue por un Papa.
Cuarta. Durante la fórmula, cuando el capitán dijo «que sois polvo», vi al coronado bajar los ojos. No la cabeza: los ojos. Durante un instante. Luego los volvió a levantar.
Me permito sugerir humildemente a Vuestra Eminencia que este hombre no es un enemigo de la Iglesia. Tampoco me atrevo a afirmar que sea su hijo. Creo que es un hombre que sabe algo que nosotros no sabemos, y que lo sabe con miedo.
Beso la Sagrada Púrpura de Vuestra Eminencia.
Cesare Orsenigo, Arzobispo titular de Tolemaida, Nuncio Apostólico.
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Regia Ambasciata d’Italia, Berlino. Al Sottosegretario di Stato per gli Affari Esteri. Per il Capo del Governo. N. 318. Urgentissimo. Segreto. 3 febbraio 1936, ore 16.
Eccellenza,
Il Duce avrà ascoltato. Aggiungo tre cose.
Primo: nessuna menzione dell’Italia, né dell’Austria, né del Mediterraneo, né di alcun altro paese, né in questa cerimonia né nelle trasmissioni precedenti, ad eccezione della Francia e del Belgio la notte del 26. Questo uomo non ci nomina. Non so se ci ignori o se ci stia lasciando per ultimi.
Secondo: la parola «Imperator». In latino. In senso romano. Acclamato dai soldati. Il Duce comprenderà meglio di me che cosa significhi per Roma che a Berlino un uomo si faccia chiamare imperatore nella lingua di Cesare, per acclamazione delle legioni.