Epílogo
—Queridas hermanas —dice muy seria Trudy—, damos la bienvenida a Amanda Morgan, digna heredera de su abuela Agatha y con la que vamos a crecer y desarrollarnos todavía más. Y damos también la bienvenida a la aprendiz de bruja, Jenny Stevens, que se incorpora al aquelarre por su linaje.
Todas aplauden, la que más, Jenny.
—Empezamos por un saludo a nuestros ancestros, a los elementos y luego tomamos té, bizcocho y hablamos de nuestras cosas —dice Louise.
—Me parece muy bien.
Ellas hacen sus saludos y cuando me toca a mí, no sé qué decir, pero de repente, empiezo a hablar.
—Saludo a mi padre que me enseñó a ser disciplinada y a jugar al ajedrez.
Que me contaba cuentos cada noche. Saludo a mi madre, que siempre veló por mis intereses y que me impulsó a estudiar, me he sentido muy amada por vosotros.
Y saludo a mi abuela Agatha, gracias por dejarme este magnífico legado, estas amigas o recordarme quién era yo y quién era el amor de mi vida.
Gracias por tu generosidad. Me he sentido amada por ti.
«Y yo por ti, mi niña, sé muy feliz con estas loquitas. Te amo, mi preciosa nieta».
Nos sobresaltamos y solo Dora ve la silueta de la abuela elevándose hacia el cielo. Y sé, de alguna manera, que estará bien. Las lágrimas empiezan a brotar y todas se echan encima de mí para abrazarme y que no llore.
Porque mañana es Navidad y me encargaré de que el sol luzca para todos.