Capítulo 7. El tercero #2
Si has abierto el grimorio familiar es porque por fin has hecho el cambio y has aceptado tu verdadero ser. Siento mucho todo lo que has vivido y lo que pasó con tu padre y con tu madre, pero lo acepté porque era su decisión.
Espero que Ted haya podido explicarte lo mucho que te quería, pero que también deseaba que fueras independiente.
Ya sabes, eres una bruja y de una dinastía importante. Nosotras solemos estar dotadas para los elementos. Ese verano que viniste a casa, te enfadaste e invocaste una tormenta y supe que eras como yo. No como yo, mejor.
Tu madre se negó a dejarte conmigo, sobre todo después de perder a tu padre, porque no quería que te considerasen como la charlatana o loca del pueblo, aunque en realidad, nunca me sentí así. Quería una carrera seria para ti y me pareció perfecto.
Aunque es cierto que cuando tenemos un destino trazado, por mucho que intentemos desviarnos, acabamos llegando al mismo final, que, en tu caso, es tomar mi puesto. Y puede que te horrorice, que no sepas qué haces aquí. Y no hay nada de malo en haber estudiado. Nadie dice que las brujas no lo hagan.
Yo te enseñé, un poco a escondidas, todo lo que pude y es posible que hayas ido recordando alguna cosa. Está todo en tu cabeza, solo tienes que dejarte llevar.
Y si no recuerdas, empieza a leer el grimorio familiar. Despertará en ti momentos ancestrales que hemos vivido las brujas de nuestra familia.
En cuanto a Ted, puede que te enfades con él al principio, pero desde que os vi juntos ese verano, supe que estabais destinados.
No hagas caso a esta vieja loca si quieres vivir la vida fuera de Holly Falls.
Vende la casa a Ted, él podrá mantenerla, porque no sé si sabes qué son las líneas ley, pero son importantes.
De vez en cuando se escapa algún espíritu por allí y el cuarto de las calderas se queda helado.
No suelen hacer nada, pero siempre que bajes, baja con mi bastón.
En parte, por eso no quería que bajases.
Hay tantas cosas que quiero explicarte de nuevo, pero lo bueno es que sé que las irás recordando.
Ah, ya sé que te sientes mal porque no te avisara. Es parte de tu aprendizaje.
Cuida a Cielo. Lleva con nosotras todas nuestras vidas.
Te quiere, tu abuela Agatha.
Me quedo en silencio. Yo… No sé qué pensar. ¿Estaba loca? ¿Me estoy volviendo yo?
Abro la primera página que se titula «Magia para principiantes» Empiezo a leer.
—La magia de las brujas está ligada a sus emociones, sus deseos e incluso a su subconsciente. Es necesario practicar cada día para que ninguno de los tres pueda desmandarse y provoque el caos. Pues vaya. ¿Y eso cómo se hace?
Sigo leyendo.
—Toda bruja necesita o una maestra o un aquelarre que ya haya pasado por ese mismo periodo de aprendizaje, pues a una bruja solitaria, le costará mucho más, y tendrá resultados insospechados.
La unión entre las brujas consigue la fuerza que todas necesitan.
Al meditar o realizar hechizos, comparten energía y esta se multiplica, haciéndose más fuerte.
Paso las hojas rápido, al final, está la letra de la… abuela, con algunos preparados. Luego hay un espacio en blanco donde pone mi nombre.
Lo cierro de golpe y me echo en el sofá. Estoy hasta mareada y con ganas de vomitar.
El libro se abre y se mueve hasta que llega a una página donde hay una receta de una infusión para encontrarse mejor.
Pero escucho un doble pitido y sé que Jenny ha llegado. Dejo el grimorio en el cajón y salgo a recibirla. Nada más salir del coche la abrazo tan fuerte que protesta.
—Amanda, cariño, ¿qué te pasa?
—De todo y nada bueno.
Ella se preocupa, sacamos su maleta y entramos en la casa.
—Vaya, esto es… ¿una tienda esotérica?
—Sí. ¿Tienes hambre?
—Sí, pero primero me tienes que decir qué te pasa. Comer o lo que sea es lo último.
—Bueno, no quería ser tan dramática. Sube a dejar la maleta en la habitación de la esquina y ponte cómoda. Prepararé alguna cosa.
—Vale, pero no tengo que matar a nadie, ¿no?
—No —digo con una sonrisa—. Todavía.
Sube a la habitación de invitados y la escucho decir lo bonita que es con grititos entusiasmados. Luego ya, cambiada con unos vaqueros y un jersey, se sienta en una banqueta de la cocina, mientras preparo unos snacks y abro una botella de vino.
—Niña, no son ni las doce.
—Te hará falta, te lo aseguro.
Ella se queda atenta, mientras preparo algo y sirvo dos copas. Y entonces, empiezo a hablar y le cuento todo, sin que me interrumpa excepto por alguna exclamación.
Bebemos vino y comemos. Saco más comida. A lo que nos damos cuenta, hemos acabado con la botella entera y con todo.
—Y ya está.
—Amanda, no sé si vamos borrachas y me estás contando alguna de esas novelas que te lees. Porque si es verdad, es la puta caña. ¿Una bruja? ¿En serio? ¿Tu abuela? Dios mío. Qué…
—No vamos borrachas y te lo demostraré. Ey, Cielo, ven.
El gato, que nos ha estado escuchando, se sienta delante de nosotras.
—Háblale a mi amiga.
Maúlla. Me enfado.
—Háblale de verdad, joder.
—Me dijiste que no volviera a hablar. Quien te entienda, que te compre.
Jenny da un paso hacia atrás, se cae de la banqueta mientras maldice. Voy a ayudarla a levantarse.
—Hostia puta, joder, el gato ha hablado.
—Es un familiar, no un gato. Bueno, eso da igual. Necesito saber si me estoy volviendo loca.
Cielo resopla y Jenny me mira.
—Tía, es lo más alucinante que he visto en la vida. Yo quiero ser bruja, ¿puedo?
—¡Jenny! Jolines, tómatelo en serio.
—Me lo tomo. Claro, por eso todo esto de las hierbas y las cartas.
Se da una vuelta por la tienda mirando todo emocionada.
—¿Tú sabes que mi serie favorita es Embrujada? Pero la antigua. La veía con mi abuela. He visto todas las películas y he leído muchísimos libros de brujas. Por Dios. ¡No puedo creerlo!
—¿Y qué haces? ¿Haces algo o solo preparas pociones mágicas? ¿Convertiste tú al gato? Al familiar, perdón. En serio, ¿puedes enseñarme a ser bruja?
—Eso suele venir de linaje familiar, pero si dices que te gusta tanto el tema… —dice Cielo con suficiencia. Jenny lo señala y se tapa la boca con la mano, riéndose. Sus trenzas oscuras rebotan sobre su piel caramelo y se pone a saltar.
—Dios, Jenny, te quería para calmarme. No para estresarme más.
—Pero es que es una pasada. Una bruja y mi mejor amiga son la misma persona. Existen las brujas de verdad. ¿Sabes que viajé a Stonehenge? Oh, madre mía. Hoy no voy a dormir.
—Necesitaría que te calmases, por favor.
—¿Tienes un aquelarre? ¿Puedo pertenecer?
Me voy a la nevera y saco otra botella de vino. No puedo con esto. Pero también pongo una lasaña congelada en el microondas o nos vamos a poner malísimas.
Ella sigue observando cada cosa de la tienda con una emoción que raya en el histerismo.
—Así tendrías que haber reaccionado tú, niña —dice Cielo.
—A ver, si todo el mundo de esta ciudad, incluida mi abuela y mi madre, no se hubieran dedicado a mentirme, lo mismo estaba emocionada. Pero no se me va el cabreo y, encima, mi amiga se ha vuelto loca.
El gato hace un sonido que parece una risa y lo miro mal.