Una becaria con muy malas ideas 21. De rodillas
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21. De rodillas

CLARA

BARCELONA. El mismo día.

Los baños de la tercera planta tienen un eco particular, de esos que amplifican cualquier cosa dicha en voz baja creyendo que nadie escucha.

Me entero de los rumores antes de enterarme de que Álex me ha apartado del equipo, en un orden que resulta particularmente cruel.

Dos golpes seguidos, casi sin respiro entre uno y otro.

El primero llega en el baño de la tercera planta.

Estoy dentro de un cubículo, con la puerta cerrada, cuando entran dos chicas del departamento de Social que no saben que hay alguien más dentro.

—Pues a mí me parece fortísimo lo que dicen.

—Hombre, si yo tuviera esas tetas también intentaría ascender rápido, no te voy a mentir.

Risas compartidas frente a los espejos.

—Dicen que Aurea la ganó literalmente de rodillas.

No escucho el resto de la conversación.

Salgo del cubículo.

Las dos se quedan blancas al verme, congeladas frente al lavabo con el jabón todavía en las manos.

Me lavo las mías con calma deliberada, sin prisa alguna.

—Tranquilas —digo, mirándolas a través del espejo—. Para tener una buena idea hace falta cerebro, no otra cosa. Entiendo que os resulte exótico el concepto, dado el contexto.

Salgo del baño antes de que me tiemblen las piernas del todo, aguantando la compostura hasta llegar al pasillo.

El segundo golpe me espera directamente en mi mesa.

Marcos me explica, incómodo, evitando mirarme a los ojos mientras habla, que a partir de ahora él centralizará todas mis revisiones. No iré a la próxima reunión con Teresa. No participaré en la presentación de la siguiente fase de la campaña.

—¿Por qué?

No responde, limitándose a mirar la pantalla de su ordenador con una concentración repentina.

No hace falta que responda.

Entro en el despacho de Álex sin llamar, sin anunciarme, con la puerta golpeando contra la pared al abrirla con más fuerza de la necesaria.

—¿Me has apartado del equipo?

Cierra el portátil de golpe.

—Clara…

—¿Me has apartado del equipo, sí o no?

—Temporalmente.

—¿Por los rumores?

Su silencio confirma absolutamente todo lo que necesitaba saber.

Me río, un sonido seco y sin ninguna gracia real en él.

—Eres increíble. Increíble de verdad.

—Escúchame un momento.

—No. Tú escúchame a mí ahora. Llevo toda la vida intentando que nadie piense que estoy donde estoy por cómo soy físicamente, por cómo me ha tocado el cuerpo por casualidad genética.

Tengo una idea que gana una puta cuenta de dos millones de euros y, cuando empiezan a decir que fue porque me acuesto contigo, ¿qué haces tú exactamente?

Me quitas la cuenta de las manos, confirmando sin querer todo lo que están diciendo de mí.

—No te la he quitado.

—Me escondes, que es prácticamente lo mismo desde donde yo lo veo.

—Estoy intentando evitar que esto te perjudique a largo plazo.

—Ya me has perjudicado tú solo, sin ayuda de nadie más.

Se levanta de la silla, rodeando la mesa hacia donde estoy de pie.

—Si seguimos trabajando juntos directamente en el mismo proyecto, cualquier decisión futura sobre tu contrato…

—¿Mi contrato depende de ti, entonces?

—En parte, sí.

—Pues entonces debiste pensar en eso antes de besarme la primera vez, no después de que los rumores empezaran a circular.

La frase nos golpea a los dos con la misma fuerza.

—Sí —dice, después de un silencio largo—. Debí hacerlo antes.

No esperaba que lo admitiera con tanta facilidad.

—Sí. Debí pensarlo antes de nada.

—Pues ahora no decidas por mí lo que es mejor para mi carrera.

—Clara…

—No soy una campaña más que tengas que gestionar con cuidado para minimizar riesgos.

Me marcho del despacho sin darle oportunidad de responder nada más.

Él no me sigue por el pasillo.

Esa noche bloqueo su chat durante exactamente once minutos, cronometrados sin querer mientras miro el reloj del móvil una y otra vez.

Después lo desbloqueo porque me parece un gesto demasiado infantil para lo que en realidad siento.

No le escribo nada, a pesar de haberlo desbloqueado.

Él tampoco me escribe.

Y eso, extrañamente, duele todavía más que el bloqueo en sí mismo.