18. La primera vez
ÁLEX
BARCELONA. Viernes, nueve y media de la noche.
La oficina vacía tiene, de noche, una acústica distinta: cada palabra suena más grande, más definitiva de lo que sonaría a plena luz del día.
Tardo cuatro días enteros en conseguir que Clara deje de huir de mí por los pasillos de la oficina.
No la persigo, deliberadamente. He aprendido, con los años, que perseguir nunca funciona con nadie que valga la pena.
Trabajo, en cambio, con la disciplina de siempre, dejando que los proyectos avancen a su ritmo natural.
Le doy espacio, todo el espacio que necesita, aunque cada día que pasa sin hablar con ella de verdad se me hace más largo de lo razonable.
El viernes, a las nueve y media de la noche, somos los últimos que quedan del equipo en la planta. Nora se marcha con una sonrisa sospechosamente cómplice y un «no hagáis nada que yo no haría», frase que en su caso concreto deja abiertas demasiadas posibilidades como para resultar tranquilizadora.
Clara recoge sus cosas, metiendo el portátil en la mochila con movimientos rápidos.
—Buenas noches.
—Espera.
Suspira, sin darse la vuelta del todo.
—Álex…
—No voy a hablar de Marina. Te doy mi palabra.
—Gracias por eso, al menos.
—Voy a hablar de ti.
Eso consigue que se quede quieta, con la mochila a medio colgar del hombro.
Me levanto de la silla, rodeando el escritorio hasta quedar frente a ella.
—Me gustas.
Clara abre la boca, sorprendida por la falta de rodeos.
—No hagas eso.
—¿Qué exactamente?
—Decirlo así, tan directo, como si fuera un dato objetivo y no una confesión.
—¿Cómo debería decirlo entonces?
—No sé. Con menos… certeza, supongo. Con algo de duda, de esa que suele tener la gente cuando dice estas cosas.
—No tengo poca certeza, Clara. Llevo semanas intentando convencerme de lo contrario y no lo he conseguido.
Se cruza de brazos, en un gesto defensivo que reconozco de otras conversaciones.
—Hace dos meses tenías novia.
—Ya no la tengo.
—Hace cuatro días besabas a tu ex prometida en una terraza.
—Ella me besó a mí.
—Qué alivio saberlo. Entonces tus labios eran completamente inocentes en todo el asunto.
Casi sonrío, a pesar de la tensión del momento.
—Me aparté enseguida.
—Después de un rato, según pude ver.
—Sí.
—Yo no quiero ser la siguiente mujer de una lista, Álex. Ya he sido eso antes, con otra persona, y no pienso repetirlo.
La frase me frena en seco, más de lo que ella probablemente esperaba.
—No tengo una lista, Clara.
—Todos tenéis una lista, de un modo u otro. Algunos simplemente no la escribís en el móvil.
Me acerco un paso, reduciendo la distancia entre los dos.
—No voy a prometerte que nunca te voy a hacer daño. Eso sería mentira, y ya te dije una vez que no quiero engañarte.
—Eso mismo me dijo él, en su momento.
—Yo no soy él.
—Ya lo sé que no lo eres. Ese es exactamente el problema.
—No entiendo eso.
—Que si fueras un imbécil evidente, sería facilísimo mantenerme alejada de ti. Pero no lo eres, y eso lo complica todo.
Nos quedamos a menos de un metro de distancia, el aire entre los dos cargado de algo que ninguno nombra directamente.
—Clara.
—¿Qué?
—Si no quieres que te bese, dímelo ahora mismo y no volveré a intentarlo.
Me mira.
Un segundo.
Dos.
—No quiero que me beses.
Asiento, aceptando la respuesta aunque me cueste, y doy un paso atrás para dejarle el espacio que acaba de pedir.
Ella me agarra de la camisa antes de que pueda alejarme del todo.
—Joder.
Y me besa.
No es un beso elegante, ni cuidadosamente coreografiado como los que había imaginado en algún momento de estas semanas.
Chocamos con el borde de la mesa. Ella se ríe contra mi boca, un sonido breve y sorprendido de la propia torpeza del momento.
Yo le sujeto la cintura con ambas manos y durante unos segundos todo lo que llevo meses intentando mantener perfectamente ordenado y bajo control desaparece de golpe, sin dejar rastro.
Cuando nos separamos, Clara respira deprisa, con las mejillas encendidas.
—He cambiado de opinión.
—Lo he notado, sí.
—No digas nada inteligente ahora mismo, por favor.
—Imposible, va contra mi naturaleza.
Me besa otra vez, solo para callarme.
Funciona perfectamente.