Un Sustituto Improbable (Dilemas Improbables 3) Capítulo 30 #3
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Capítulo 30 #3

El origen tan diverso de las nacionalidades.

Que se recluyera a agentes de países históricamente explotados por el Imperio británico.

Los descendientes de las antiguas colonias que reclaman justicia, no por la vía política, sino a través de la acción directa para atacar a quienes aún se benefician de siglos de robos y opresión.

No se trata de terrorismo aleatorio.

Sino de represalia organizada.

Me saco el teléfono satelital del bolsillo de las bermudas con dedos temblorosos mientras mi mente va a mil al pensar en las posibles repercusiones.

Si Nicholas tiene razón, necesitaremos de todos los recursos que pueda reunir Scotland Yard.

La conexión tarda más tiempo de lo normal, y cada sonido robótico me pone los nervios más de punta. Cuando por fin conecta, me sorprendo de no escuchar a Thornton, sino la voz familiar de Colin Pierce.

—Pierce —digo, y me recorre el mismo alivio que ofrece un Jameson doble—. ¡Gracias al Señor! ¿Por dónde está?

—O’Connell. —Su voz llega a mis oídos con esa mezcla de raíces barbadenses y la perfecta dicción de Cambridge—. Ahora mismo estoy en Singapur a punto de abordar mi próximo vuelo. ¿Cuál es el estado?

Miro a Nicholas, que me observa de cerca.

—Hemos identificado una posible motivación, señor. El príncipe recuerda una palabra que le oyó a un terrorista en Hobbiton y que coincide con otras que se usaron en las pancartas de protesta. Todas significan «justicia» en diferentes idiomas de las antiguas colonias.

—Una observación interesante. ¿Pero cuál sería la vinculación con el caso de Matheson y Webley?

—La aristocracia. Se han puesto como objetivo atacar a los representantes de instituciones que se beneficiaron del colonialismo. La primera es la monarquía, evidentemente, y Matheson también viene de una familia adinerada, tiene lazos con la aristocracia a pesar de que renunció al título de…

—¿Y entonces el espía es…?

Aprieto los dientes.

—Aún no lo sé, pero si la teoría es correcta, lo más probable es que sea Singh, señor. Viene de familia que tiene relación con varios territorios de las antiguas colonias. Además, en Hobbiton despareció justo antes de la explosión.

—¿Ubicación, O’Connell? —De repente, su voz se vuelve más aguda.

—Taupō, a orillas del lago. Hemos cambiado de vehículo dos veces.

—Bien. ¿Y el resto del equipo de seguridad?

—Nos hemos separado. No tenemos contacto desde Hobbiton. No confiaba en nadie después de lo sucedido.

—¿Y el príncipe está a salvo? ¿Está a su cargo?

—Sí, está conmigo.

Se hace una pausa, lo suficiente para que se me pongan los pelos de punta. El patrón de respiración de Pierce sufre un ligero cambio, casi imperceptible a través de la conexión satelital, pero yo lo noto de inmediato.

—Lo felicito, oficial O’Connell. Ha hecho más de lo que esperábamos, y nos ha facilitado la tarea enormemente.

Arrugo el entrecejo.

—¿Facilitado…?

—La gente como usted, con principios, tiene comportamientos fáciles de adivinar. Su código moral lo obliga a recorrer caminos predecibles.

La cabeza me da vueltas. Tengo la sensación de que estamos teniendo dos conversaciones paralelas.

—¿Señor? —suelto.

—Su hermano podrá explicárselo mejor. Me pidió que le recordara el dicho favorito de su padre, algo sobre la importancia de la unión familiar. Aunque no lo recuerdo bien, me pareció conmovedor.

El suelo se tambalea y la realidad se fragmenta, tal como se resquebraja el hielo de un lago helado. La mención a mi hermano es una puñalada que me atraviesa las costillas.

—¿Has secuestrado a Malachy? —atino a decir.

Nicholas debe de haber deducido por mi lenguaje corporal que algo no va bien. De repente lo veo observándome, en alerta, sin rastros de su humor sardónico. Da un paso en dirección hacia mí.

Pero ahora no puedo pensar en él.

¿Pierce tiene secuestrado a Malachy? En mi mente, todo se va al garete.

Lo veo con una claridad espeluznante: la puerta del apartamento se abre de golpe, la silla de ruedas se atasca en la entrada en cuanto intenta escapar, él la empuja con frenesí, valiéndose de sus brazos fuertes.

Los trofeos de baloncesto de la repisa caen al suelo mientras lo rodean.

Su rostro, tan parecido al mío, pero con facciones más marcadas, se retuerce de rabia, la misma que instigó tantas contiendas en el patio del colegio antes del accidente.

Por último, la lucha hasta que logran vencerlo…

Aprieto la mano tan fuerte que el ruido de mis nudillos se escucha bien alto. La boca me sabe a sangre. Sin darme cuenta, me he mordido el interior de la mejilla.

El mundo se reduce a una punzada de ira tan intensa que tengo la sensación de que se me puede partir el cráneo por la presión.

—No, Eoin, te equivocas. Has pensado que somos los malos. Malachy es uno de los nuestros. Fue él quien sugirió que te asignáramos esta misión.

Todo gira a mi alrededor.

—Eso no es posible —digo con voz ronca, pero en cuanto la negación sale de mi boca, hilos sueltos que nunca había conectado se entrelazan para formar un tapiz escalofriante.

Que me eligieran a mí para este trabajo cuando había gente con más experiencia en lidiar con los círculos aristocráticos. La forma en que me introdujeron para que me posicionara como alguien ajeno al equipo, aislado y sospechando de todos.

Incluso antes. Que Pierce me reclutara desde Belfast, que fuera mi mentor para ir ascendiendo rangos, que supiera en detalle todos mis antecedentes, mis motivaciones, mis puntos débiles.

Y Malachy, mi hermano con vena revolucionaria. Siempre ha dejado mostrar más que yo su ira ante el derrumbe del edificio, ante el casero, ese noble inglés que no recibió ningún castigo mientras él perdió la movilidad.

El mismo hermano que prácticamente me obligó a irme de Irlanda para unirme a Scotland Yard.

Llevo la vista hacia Nicholas, quien me mira con creciente alarma, y la última pieza encaja a la perfección, como una bala en la recámara.

Mi trabajo nunca fue el de encontrar a un traidor. Me manipularon, paso a paso, de forma calculada, para que me convirtiera en uno.

El teléfono satelital se me cae de la mano en el instante en que la verdad me golpea como un mazo.

Yo era el espía dentro del equipo de seguridad de Nicholas, a la espera de actuar cuando fuera necesario.

He cumplido mi trabajo.

Porque acabo de secuestrar al príncipe Nicholas.