10
Ares
Estoy en mi habitación. He cerrado la puerta de un portazo, dejando fuera la tensión, a Carla, a todo. Solo quiero estar solo y limpiar mi conciencia con agua tibia.
La ducha es un oasis en esta casa que poco a poco dejo de sentir solo mía.
Encontrar este baño adaptado fue una pequeña victoria.
El agua caliente cae sobre mí, los asideros no ceden y la grifería responde con apenas rozarla.
No está pensada para mis manos, que funcionan perfectamente, sino para las de la persona que vivió aquí antes y necesitaba que hasta los gestos más pequeños ofrecieran menos resistencia.
No es solo comodidad: es autonomía, es espacio para respirar sin depender de nadie.
La casa tiene historia. Los antiguos dueños empezaron a adaptarla para su hijo, también en silla de ruedas, pero la enfermedad se lo llevó antes.
La cocina quedó a medias, inaccesible en muchas partes, una zona que no llegó a tocar la mano de la adaptación.
Eso la hace un campo de batalla silencioso para mí y ella la ha dominado por completo.
El vapor me envuelve, intentando limpiar no solo el cuerpo sino la rabia y el orgullo herido que llevo pegados a la piel.
El agua sigue cayendo, pero ya no siento su calor, solo el frío que me cala los huesos.
Pienso en aquel día, en la caída, en el ruido seco y el impacto que cambió todo.
Me pregunto si alguna vez podré separar al hombre que era del que soy ahora, o si estoy condenado a vivir atrapado en este cuerpo que no responde.
Recuerdo las miradas. No las de compasión, esas que desprecio. Las que esconden sorpresa, lástima disfrazada de respeto. La gente que no sabe qué decir o cómo mirarme, y que prefiere ignorarme. Eso duele más que cualquier fractura.
Y sin embargo, aquí está ella. Con su lengua afilada y sus ojos que no esquivan. Que no me ve como un proyecto roto. Que no se conforma con la versión oficial del chico accidentado .
No sé si quiero que se quede o que se vaya. A veces creo que solo quiero que desaparezca para recuperar el control. Otras, que no podría soportar la soledad absoluta otra vez y vivir a base de cereales.
Me giro bajo el chorro, sintiendo que la batalla no es solo con ella, sino conmigo mismo.