UBI TU, IBI EGO 27. pompei #2
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27. pompei #2

—¿Por qué decidiste acudir a Roma habiendo tantas ciudades europeas a las que ir a pasar el verano…? —cuestionó Benedict de repente, desconcertando al resto—. Seguramente fuera por eso que dicen de que si un lugar en concreto te atrae, es porque tienes conexión con él.

—Claro, por eso Agatha y Lorenzo se atraen.

—¡Yara…!

—Estoy empezando a creer que es todo sugestión mía.

—¿Y si volvemos al Panteón…?

—No pienso hacerlo, ya tuve bastante.

—Una vez un italiano… muy guapo, por cierto, me dijo que Roma era una ciudad mágica que te atrapa una vez llegas a ella…

—Los lugares retienen recuerdos. Cioè, en el mundo espiritual se cree que esos sitios son sagrados.

—¿Como el Vaticano?

—No ese tipo de energía Mia. Algo más… grande.

—El Panteón —habló Benedict—. Diría que esos lugares de los que Fede habla actúan como un puente entre el pasado y el presente dada la cantidad de emociones que un día se vivieron en ellos y su historia, por supuesto.

—Voy a pediros que antes de interrumpirme, me dejéis acabar, ¿trato hecho…? Então, en la línea de lo que Agatha dice, podría ser como si… Las memorias se quedasen impresas en el espacio y estuvieran esperando que alguien las despertase, ¿no?

—Por una sola vez en tu vida dices algo que puede llegar a tener sentido, lo que yo me pregunto es ¿cómo se despiertan?

—Pues viendo a estos tortolitos diría que con una fuerte conexión emocional. Quizá… Alguien con un gran vínculo a esos recuerdos sea capaz de reactivarlos.

—Puede, pero hay quien cree en la reencarnación.

—¿A dónde quieres llegar, cascarrabias?

—Pues que a lo mejor el lazo del que mi hermana habla tiene más que ver con vuestro ADN…

—todos la miraron esperando que continuase porque ninguno comprendía a donde pretendía llegar.

Empezó a juguetear con el pircing de su labio, hasta que dio con las palabras adecuadas—.

El vínculo está almacenado en vuestro ADN y no solo es parte de vuestra alma.

Veréis, nuestra abuela siempre habló de que la reencarnación es un ciclo eterno del alma…

Y la verdad, he llegado a la conclusión de que sí es posible, repito, es posible que los recuerdos de esa vida pasada con la que soñáis a menudo no solo sea espiritual, sino que…

—Sea transmitido físicamente a través de generaciones.

—Gracias por aplastar mi momento de gloria, Fede.

—Pero es que ya estamos entrando en el campo de la biología… Cada uno de nosotros mantiene escrito en su código genético un pedacito de su vida pasada.

El italiano miró al cielo y suspiró cansado, aunque no tanto por la conversación, más bien fue por el sofocante calor.

—Para que me quede claro, eh… —Agatha carraspeó antes de proseguir—. Según comentáis, entonces esas visiones que no termino de… percibir como recuerdos propios, ¿no son visiones espirituales, ni tampoco algo fugaz…? ¿En serio creéis que son virutas de vidas antiguas impresas en mi ADN?

—Existen unas secuencias llamadas «memoria latente».

Son fragmentos de información que pueden contener experiencias, emociones, conocimientos…

Se almacenan a lo largo de generación tras generación.

Hay muchas formas de que éstas se manifiesten, pero en vuestro caso se activaron mediante sueños vívidos.

Eso sí, para que se activen, debe haber algo que sirva como… detonante.

—Me siento estúpida, no entiendo nada.

—Cuando recuerdas un momento de tu vida, ¿qué te lleva hasta él…? —esperó que Agatha le respondiera, pero lo único que obtuvo por su parte fue que comenzase a jugar con la pulsera, como siempre—. Un aroma, un sonido…

—La teoría está fantástica, pero prefiero continuar creyendo que estos dos… Son almas que un día se juraron amor eterno y continúan buscándose en diferentes vidas.

A Lorenzo se le escapó una fuerte carcajada con aquello, y empujó a Yara, jugueteando.

—Creo que has visto demasiadas películas, caramelito.

—Si es así… Lo que activa en mí esos recuerdos es algo parecido a un cascabel —admitió.

—Sé que va a parecer una tontería, pero a mi me ocurre al percibir el olor de la mirra.

—¿Pero quién tiene mirra en casa…? ¿Qué es la mirra?

—La mujer de mi tío tiene una tienda esotérica en el centro donde vende, entre otras cosas, incienso de mirra. ¿Tengo que explicarlo más claro…? —se cruzó de brazos, retando a Mía.

—Tenemos que hallar la forma de detenerlo.

—¿Y si no quiero hacerlo ahora que sé quien soy…? —los ojos de la pelirroja lanzaron fuertes destellos de ilusión hacia el italiano que robó cada uno de sus pensamientos desde principios de verano.

—No quiero parecer entrometida, Yara es la experta en eso, pero… Estamos yendo a ciegas con todo esto. Apenas sabemos qué veis en esos sueños, y si queréis ayuda…

—Elio servía a Domiciano como si fuera su perro guardián.

—Vaya, gracias Rizos. Pero realmente servía al imperio.

—Debemos suponer que Elio… ¿Es Lorenzo?

—Trabajabas para él —insistió Agatha, ignorando a su amigo.

—Y tú estabas prometida a él —rebatió. El ambiente estaba empezando a caldearse, y ninguno de ellos entendía el porqué… Era como si sus pensamientos de repente hubiesen dejado de pertenecerles y alguien hablase a través de ellos.

—¡Fuiste emperatriz…!

—Pero Domiciano se deshizo de su hermano, entonces estamos hablando de que estáis en el…

—Siglo primero… Entre el setenta y nueve, y el ochenta y uno —canturreó Federico, sin apartar la mirada de un grupo de turistas asiáticos.

—Cuando conocí a Apronia todo cambió. Dejé de ser el mercenario al que Domiciano tanto apreciaba, y es que ella me importaba más que cualquier juramento que le hubiera hecho a Roma.

Claro que no lo admitió, era mucho más orgulloso de lo que solía aparentar, pero el recuerdo de todo aquello pesaba en su alma.

En realidad trató de recordar un poco más allá y de conectar con su memoria celular, como su amigo había sugerido, pero lo único que había obtenido fue una fuerte cefalea, que lo hizo llevarse ambas manos a la frente, muy dolorido.

—Cazzo… Cada vez que intento recordar algo más, me ocurre esto…

Agatha acarició la espalda del italiano, intentando consolarlo, pero en ese momento nada surgía ese efecto.

—Hay una cosa que no cuadra en todo esto, y es que el Panteón y el reinado de Tito no fueron en el mismo momento histórico, si no que tienen una diferencia de unos cien años, aproximadamente, claro.

—Supongo que estamos destinados a averiguar qué fue lo que ocurrió.

Fue entonces cuando ambos se miraron, como si nada más existiera en ese instante. Ninguno entendía qué estaba pasando, pero les consolaba tenerse la una al otro.