Turoliense 63 Lo que declaró la ciencia
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63 Lo que declaró la ciencia

La doctora Esperanza Zapater declaró el martes por la mañana durante una hora y diez minutos y no cedió un milímetro: contusión escapular producida en vida, ausencia de lesiones de agarre, brocal de cincuenta y cinco centímetros, empujón frontal.

La doctora Julia Fandos declaró el martes por la tarde sobre unos huesos que no eran objeto de acusación, porque la magistrada admitió la prueba como contexto tras una discusión de veinte minutos, y explicó al jurado, con un molde de resina en la mano, qué aspecto tiene una fractura deprimida de veintiséis por diecinueve milímetros en un hueso frontal.

La doctora Berta Aranda declaró el miércoles y trajo sus fotografías de líquenes, su curva de calibración y sus cuatrocientos ochenta y seis puntos de control.

El letrado Berdejo intentó tres veces que admitiera un margen de error mayor y las tres veces ella le contestó con la misma frase, cambiando solo el tono:

—Letrado, el margen es el que está en el informe. Si quiere otro, tendrá que buscarse otra montaña.

Y el miércoles por la tarde declaró Consuelo Garcés Latorre, y ocurrió lo que nadie había previsto, que es que el jurado se interesara.

Habló cincuenta minutos sin que nadie se moviera.

Explicó qué es una biozona con una comparación de facturas de la luz.

Explicó qué es una discordancia dibujando en el rotafolios que había pedido expresamente.

Explicó por qué un paleosuelo no se falsifica.

Y explicó, al final, una cosa que no le había preguntado nadie y que la magistrada le dejó decir.

—Señorías, señoras y señores del jurado: la edad de la roca que aparece en este juicio se llama Turoliense.

Se llama así por Teruel. En el año 1975, unos investigadores decidieron que los fósiles de esta cuenca eran tan completos y estaban tan bien estudiados que servirían de patrón para datar el resto del mundo.

Desde entonces, cuando en Grecia o en China encuentran huesos de esa antigüedad, dicen que son turolienses.

Hizo una pausa.

—Se lo cuento porque en este juicio se ha dicho varias veces que aquí no hay nada.

Y resulta que aquí hay una unidad de tiempo geológico que lleva el nombre de esta provincia y que se estableció midiendo dientes de ratón.

—Se ajustó las gafas—. Esa es exactamente la clase de cosa que el señor Lahoz sabía y que casi nadie le agradeció.

Nadie objetó. El agricultor de Cella, en la segunda fila del jurado, asintió despacio dos veces.