56 Zuera, primera visita
El Centro Penitenciario de Zuera está a veinticinco kilómetros de Zaragoza, en una llanura donde el cierzo entra sin encontrar nada que lo pare.
Se vieron en un locutorio con mesa, sin cristal, con un funcionario en la puerta.
Elisa había perdido peso y llevaba el pelo suelto, más largo, sin teñir en las raíces. Tenía las manos sobre la mesa y no las movió en cincuenta minutos.
—Mi abogado me ha dicho que no venga.
—Ya me lo imagino.
—Y le he dicho que era usted y me ha dicho que sobre todo si es usted.
—También me lo imagino. —Nieves se sentó—. No vengo a interrogarla. No voy a levantar acta. Si me pregunta algo, se lo contestaré.
—¿Y a qué viene?
—A traerle una cosa. Y a que usted decida si la quiere.
Puso sobre la mesa un sobre marrón cerrado, de tamaño folio.
Elisa lo miró sin tocarlo.
—¿Qué es?
—Es lo que usted no sabía el 15 de octubre.
—No quiero saber nada.
—Lo sé.
—No quiero saber nada —repitió Elisa, y por primera vez le tembló la voz—. Llevo tres meses aquí y he conseguido una cosa, que es no pensar. Duermo seis horas. Trabajo en la lavandería. He aprendido a no pensar y usted viene con un sobre.
Nieves no se movió.
—¿Le puedo preguntar una cosa que no tiene nada que ver con la causa?
—Pregunte.
—¿Cómo era Marisol Sanz?
Elisa Bádenas cerró los ojos.
Estuvo así casi un minuto. Cuando los abrió, los tenía rojos y secos.
—Estaba contenta —dijo—. Estaba contenta de haber encontrado aquello. Me lo enseñó como quien enseña un regalo.
—Sí.
—Me preguntó si me encontraba bien. —Se le quebró la voz del todo—. Yo estaba a punto de hacer lo que hice y ella me preguntó si me encontraba bien.
Nieves esperó, sin decir nada, todo el tiempo que hizo falta.
Después empujó el sobre dos centímetros hacia ella y se levantó.
—Se lo dejo aquí. Puede tirarlo sin abrirlo, y si lo hace no volveré a molestarla. Pero quiero decirle una cosa antes de irme.
—Dígala.
—Usted cree que sabe por qué hizo lo que hizo. —Nieves se puso el abrigo—. Y no lo sabe. Y eso, señora Bádenas, es lo único que no se arregla con veinte años de condena.