29 Ocho metros
Sacarla llevó hasta las once de la noche, con focos, generador y la misma polea que había subido a Benjamín Lahoz cinco semanas antes.
La doctora Esperanza Zapater Ibáñez, del Instituto de Medicina Legal de Aragón, tenía cincuenta y seis años y una manera de hablar que no consolaba a nadie, lo cual a Nieves siempre le había parecido una forma superior de respeto.
—Mujer de cuarenta y cuatro años. La causa de la muerte es un traumatismo craneoencefálico y una luxofractura cervical entre la quinta y la sexta. Compatible con una caída de ocho metros sobre un fondo irregular. Falleció en cuestión de segundos o pocos minutos.
—¿Hora?
—Entre las nueve y media de la noche y la una de la madrugada del jueves al viernes. Por el contenido gástrico y la temperatura del fondo del pozo, yo apretaría entre las diez y las doce.
—¿Accidente?
Se oyó a Zapater dejar algo metálico sobre una bandeja.
—Le voy a contar lo que tengo. Uno: no hay lesiones de defensa en antebrazos.
Dos: no hay lesiones de precipitación con intento de agarre, que suelen dejar marcas en las manos y en las uñas contra el brocal.
Tres: tiene una contusión ovalada de siete por cuatro centímetros en la región escapular derecha, con infiltración hemorrágica, producida en vida y poco antes de morir.
Cuatro: no está en el fondo de un pozo por casualidad, porque ese pozo tiene un brocal de cincuenta y cinco centímetros y para caer dentro andando hay que hacer un esfuerzo notable.
—Traduzca lo tres.
—La empujaron —dijo Esperanza Zapater—. De frente, con las dos manos o con el antebrazo, en el hombro derecho, mientras ella estaba de espaldas al pozo o de lado. Y no se resistió porque no lo vio venir.
Nieves se apoyó en la pared del pasillo.
—Doctora, una cosa más. ¿Hay algo en las manos?
—Hay tierra y hay hojas. Y hay, debajo de la uña del índice izquierdo, un fragmento de fibra sintética azul de dos milímetros. Se lo he mandado a criminalística.
—Gracias.
—Teniente.
—Dígame.
—Esta mujer llevaba unas zapatillas de deporte blancas y una rebeca. —La forense hizo una pausa—. No subió a ese monte de excursión. Subió porque alguien la llevó o porque alguien la citó. Y le pusieron el móvil al lado, roto, para que pareciera que se le había caído a ella.