Turoliense 11 El sábado en que se vació la sierra
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11 El sábado en que se vació la sierra

Aquella noche, en la sala de la comandancia, Delia Barrachina proyectó en la pared una fotografía de prensa en blanco y negro.

Se veía una avenida ancha llena de gente. Pancartas caseras. Un mar de personas con anoraks de los noventa, muchas con boinas, muchas con pañuelos. En primer plano, un cartel pintado a mano con cuatro palabras.

—Uno para cinco pueblos —dijo Amaro.

—Uno para cinco pueblos. Cincuenta y cinco plazas. Salió a las cinco y media de la mañana del sábado desde Guadalaviar y volvió a las tres de la madrugada del domingo.

Nieves se levantó y se acercó a la pared.

—A ver si lo entiendo. El sábado 20 de noviembre de 1999, entre las seis de la mañana y las tres de la madrugada, la sierra entera estaba vacía.

—Prácticamente —dijo Delia—. En Cañigral quedaron, según lo que hemos podido reconstruir con el alcalde, cinco personas: dos matrimonios mayores y la mujer del bar, que tenía a su madre enferma. Ninguno de los cinco sale de casa después de las siete de la tarde porque hacía siete grados bajo cero.

—O sea que si alguien quiso subir siete piedras de ochenta kilos a la boca de una sima sin que nadie lo viera...

—Ese era el día —dijo Delia—. Ese fue el único día en veintisiete años en que esta sierra estuvo vacía y todo el mundo tuvo, además, una coartada colectiva perfecta. Doscientas personas que pueden decir «yo estaba en Madrid».

El capitán Tortajada, desde el fondo, habló por primera vez en una hora.

—Eso reduce mucho la lista.

—Al revés, capitán —dijo Nieves—. Eso amplía la lista a todo el que se quedó y la reduce a todo el que dice que se fue y no se fue.

Se giró hacia Calomarde.

—Iker. ¿Cuántas listas de aquel autobús pueden existir?

El cabo primero hizo una mueca.

—Del noventa y nueve, mi teniente... La empresa de autocares, si existe todavía. La mancomunidad, si pagó el fletamento. La plataforma que organizó, si conservó papeles. El seguro. Y las fotos.

—¿Las fotos?

—Cincuenta y cinco personas en un autobús a las cinco y media de la mañana yendo a lo más importante que ha hecho esta provincia en cincuenta años. —Calomarde se encogió de hombros—. Alguien hizo fotos, mi teniente. Alguien siempre hace fotos.