Turoliense 10 El hermano
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10 El hermano

Damián Lahoz Muniesa tenía cincuenta y cuatro años, una nave de maquinaria agrícola a la salida de Gea de Albarracín y una manera de hablar que consistía en contestar a la pregunta anterior.

—Yo con mi hermano no me hablaba —dijo, limpiándose las manos con un trapo lleno de grasa—. Eso ya se lo habrán contado.

—Nos lo han contado —dijo Nieves—. ¿Por qué no se hablaban?

—Por la Umbría.

—¿Por el monte?

—Por las fincas de la Umbría, que eran de mi padre y que en el noventa y siete se repartieron mal.

A mí me tocó la parte de abajo, que son cuatro piedras, y a él la de arriba.

—Tiró el trapo sobre un banco—. Y en el noventa y nueve resultó que la parte de arriba lindaba con el yacimiento y que el ayuntamiento quería comprarla para hacer el aparcamiento y el mirador.

Nieves y Delia se miraron.

—¿Cuánto ofrecían? —preguntó Delia.

—Tres millones de pesetas. Dieciocho mil euros de ahora. Por seis hectáreas de carrascal que no valían ni doscientas mil.

—¿Y su hermano vendió?

—Mi hermano dijo que no vendía ni muerto. —Damián se detuvo en seco al oírse—. Bueno. Ya me entiende.

—¿Por qué no quería vender?

—Porque decía que si vendía el paso, ya no podría subir nunca más a donde él quería subir. Que en cuanto aquello fuera del ayuntamiento, le pondrían una cadena y un cartel. —Se encogió de hombros—. Y tenía razón, oiga. Hay una cadena y un cartel.

—¿Y usted qué quería?

Damián Lahoz tardó en contestar.

—Yo quería el dinero —dijo—. Yo tenía dos críos y una nave con una letra de cuarenta mil pesetas al mes. Y le dije lo que le dije.

—¿Qué le dijo?

—En el bar, delante de doce personas, el 12 de noviembre del noventa y nueve, le dije que era un egoísta de mierda y que ojalá se lo tragara el monte.

—Miró a Nieves a los ojos por primera vez—.

Ocho días después desapareció. Y llevo veintisiete años esperando a que alguien me pregunte por esa frase.

Se hizo un silencio incómodo entre los tractores.

—¿Dónde estaba usted el 20 de noviembre de 1999? —preguntó Delia.

—En Madrid —dijo Damián sin pestañear—. En el autobús. Como medio Teruel.