Tres deseos Una noche para olvidar #3
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Una noche para olvidar #3

Entonces, Alexis vio a Ace y a Robyn en la distancia.

Ella debía haberla reconocido porque la señalaba al tiempo que hablaba al oído de Ace, que entornó los ojos para verla mejor.

Se puso nerviosa cuando la pareja se acercó a la plataforma y, en su intento por desaparecer, perdió pie y acabó cayendo sobre la gente más cercana.

El golpe habría sido mucho peor si no la hubiesen sostenido.

Pero no la bajaron, sino que se dedicaron a pasearla sobre sus cabezas, como si de un cantante de rock se tratase.

Alexis gritaba, desesperada, porque ya se veía en el suelo cuando alguien más borracho que ella fallase al agarrarla.

Sus amigas bajaron de la tarima e intentaron llegar a ella para ayudarla. Para cuando la alcanzaron, Alexis estaba desesperada. Mae tiró de ella y a punto estuvo de tirarla al suelo.

―¡Brutos! Bajadla de inmediato u os meto el tacón por el culo ―gritó Natasha, al tiempo que le lanzaba un puntapié a uno de ellos.

El hombre se alejó y Alexis acabó en el suelo. Se llevó una mano a la entrepierna para que nadie le viese la ropa interior, pero, cuando alzó la mirada, se topó de frente con un Ace sorprendido y una Robyn que disfrutaba del espectáculo. Se quiso morir en ese momento.

―Sabía que eras tú ―rio la secretaria entrometida―. Menuda sorpresa me he llevado. No te hacía tan… desinhibida, Alexis. Con lo modosita que pareces en la oficina.

Alexis se levantó, ayudada por sus amigas, y se colocó el vestido con deliberada lentitud para evitar mirar a cualquiera de ellos a la cara. Estaba tan avergonzada en ese momento que podría freír un huevo en la cara del calor que sentía en ella.

―A la oficina voy a trabajar ―replicó, cuando pudo enfrentarlos sin quedar en ridículo.

―Pues cualquiera diría que se te da mejor animar fiestas. ―El insulto velado no le pasó inadvertido a nadie―. Parecías divertirte mucho ahí arriba.

―Una viene al bar a divertirse ―Mae intervino al notar la incomodidad de su amiga―. Porque para aburrirse ya están las conversaciones con insul…

―Disculpadnos ―la interrumpió Alexis―. Es tarde y tenemos que irnos. Un placer haber coincidido.

Tiró de sus amigas para alejarse de Robyn antes de que alguien resultase herido. Y no solo en el orgullo.

―Siempre serás una perdedora ―canturreó Robyn.

Nadie pudo evitar lo que pasó a continuación.

Mae se giró, rehuyendo los brazos de sus amigas, y le lanzó un derechazo a Robyn que la hubiese tirado al suelo si Ace no tuviese buenos reflejos y la hubiese sujetado a tiempo.

Los gritos se elevaron por la sala, clamando por pelea, pero Nat y Alexis ya se alejaban con una Mae que gritaba groserías y amenazas.

Cuando salieron del local y se alejaron lo suficiente de él, se miraron las unas a las otras y se carcajearon de lo que había pasado.

―No me puedo creer que le hayas pegado ―dijo, sin aliento, Alexis.

―Le está bien empleado, por arpía. Nadie se mete con mis amigas sin consecuencias.

―Lo habría hecho yo si Mae no fuese tan rápida ―le aseguró Nat.

Ninguna se lo creyó, porque era de las que prefería hacer el amor y no la guerra. De forma bastante literal.

―¿Qué tiene esa en tu contra?

―Que suspiro por el hombre que le gusta a ella. ―Se cubrió el rostro con las manos.

―¿El rubiales? ­―preguntó Mae.

―¿Ese tío tiene cerebro aparte de unos increíbles ojos azules que quitan el aliento? ―añadió Nat.

―Solo tú podías fijarte en eso mientras insultaban a Alexis ―bufó Mae.

―Esos ojos brillaban en la oscuridad, os lo juro ―se defendió.

―Ace es… ―Alexis no tenía palabras para describir al hombre que le había robado el corazón―. Perfecto.

―Houston, tenemos un problema. ―Era la sexóloga la que hablaba ahora―. Nadie es perfecto, cariño, y si lo piensas, tendrás que ir bajándolo del pedestal porque el batacazo te lo vas a llevar tú. Y muy fuerte.

―Déjame con mis ilusiones imposibles, Nat.

Sé que no tengo nada que hacer con él, pero…

¿por qué se tenía que haber fijado precisamente en ella?

Es tan insufrible ―se quejó―. Mientras yo hago su trabajo, ella se lleva la gloria y ni siquiera tiene la decencia de agradecérmelo.

No digo que tenga que decírmelo, pero, al menos, podía respetarme.

Si no fuese por mí, estaría en la calle, ¿sabéis? Yo hago su trabajo.

―Eso ya lo has dicho. ―Mae sonrió, pero la mirada furibunda de su amiga la obligó a borrar aquella expresión de inmediato―. Sí, es una mujer horrible. Despreciable. De lo peorcito que hay en este mundo.

―Exacto. ―Realizó aspavientos con las manos―. Es que nadie más lo ve, ¿sabes? Y es tan frustrante… Yo me desvelo para cumplir en la oficina y ella se beneficia de mi trabajo porque yo…

―Haces su trabajo ―repitieron las dos al unísono, lo que las hizo reír de nuevo.

―Cariño. ―Nat la tomó de las manos―. Ahí fuera hay toda una gama espectacular de hombres esperando a que te fijes en ellos y les des lo mejor de ti. No merece la pena sufrir por uno solo.

Alexis le dio la razón pero, en el fondo, ella quería a Ace. No había ninguno como él y saber que ahora estaba con Robyn le partió el corazón.