Tres deseos Una noche para olvidar #2
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Una noche para olvidar #2

Sus amigas eran despampanantes en todos los sentidos.

Llamaban la atención allí donde iban, ya fuese por su cuerpo, sus ojos o su personalidad.

Alexis no se podía quejar de físico porque la genética en su familia era buena, pero solía esconderlo porque era demasiado tímida.

Prefería ser ignorada antes que tener toda la atención sobre ella.

Al menos así no metía la pata como le pasaba cada vez que tenía a Ace Coleman delante.

Claro que no se fijaba nunca en ella por esa razón.

Era como la pescadilla que se muerde la cola.

Sin embargo, esa noche iba preparada para arrasar, sus amigas se habían encargado de ello, y pensó que, por una vez, podía dejar que las cosas fluyesen.

Había tenido unos días difíciles en la oficina y se merecía disfrutar de la noche con ellas.

Y con quien se terciase. ¿Por qué tenía que conformarse con soñar con Ace si podía encontrar a alguien más tangible?

―Vayamos a bailar ―sugirió Nat―. Justo en aquella esquina, por favor.

Al parecer, su objetivo estaba allí y Alexis apuró la copa antes de aventurarse a la pista de baile. Mae, que la conocía bien, las siguió un minuto después y le llevó otra bebida.

―Gracias. ―Se tomó la mitad de un trago.

―Con calma, Ale ―rio―, que luego se te sube.

―¿No queríais que desconectase? ―Alzó la copa y la imitaron―. ¡Por una noche memorable!

―¡Por una noche memorable! ―corearon el brindis y bebieron.

Bebieron y bailaron juntas, olvidando a las posibles conquistas por un tiempo.

Poco a poco, Alexis consiguió dejar a un lado el desastroso día que había tenido, e incluso el resfriado parecía haber remitido con todo el alcohol que le había metido al cuerpo.

El sueño también le resultaba esquivo ahora y no le importaba quedarse allí hasta el amanecer si sus amigas querían. Aquello era justo lo que necesitaba.

―Me toca ir a por otra ronda ―arrastró las palabras―. No os mováis de aquí.

Ya en la barra, el camarero le sirvió sin necesidad de que le dijese qué quería, pues habían pedido lo mismo toda la noche y lo recordaba.

―Una propina para ti por ser tan atento ―le entregó un billete aparte y el hombre le sonrió, agradecido. Seguro que tenía que soportar muchas cosas y que no todas serían agradables, así que Alexis pensó que se había ganado ese dinero con creces.

Como no podía con todas las copas a la vez, le pidió al camarero que le guardase la suya, mientras llevaba las de sus amigas.

Cuando regresó más tarde a por ella, se permitió guiñarle un ojo al hombre, que le envió un beso por el aire de forma coqueta.

Tal vez su cabello rubio ceniza y sus grandes ojos marrones no llamasen tanto la atención como el pelo rojo de Natasha o los ojos azules de Mae, pero tenía su encanto cuando dejaba a un lado la timidez.

Y el alcohol lo había hecho por ella esa noche.

Planeaba pedirle el número al camarero en un arrebato de locura ebria, cuando su mirada se congeló sobre una pareja que se comía a besos en el extremo de la barra.

Había algo en ellos que le resultaba familiar, pero solo cuando se separaron para tomar un poco de aire los reconoció: Ace y Robyn.

El suelo se tambaleó bajo sus pies y tuvo que sujetarse a la barra para no acabar tirada en él.

Aunque no podía verse, sabía que se le había ido el color del rostro.

―¿Te encuentras bien, preciosa? Estás muy pálida.

El camarero la miró con preocupación y Alexis se vio forzada a sonreír.

―Creo que necesito ir al baño. ―Buscó la primera excusa que se le ocurrió, aunque no la dejase quedar en muy buen lugar―. El alcohol, ya sabes.

Sin pensar mucho en lo que hacía, acabó junto a sus amigas y, en cuanto las vio, se propuso convencerlas para volver a casa.

Sabía que estaban allí por ella, para que desconectase, pero ver al hombre de sus sueños besar a la mujer que más odiaba le había destrozado el corazón.

Y las pocas esperanzas que le quedaban de conseguir al amor de su vida.

Sabía que pasaría tarde o temprano, porque Ace se veía muy interesado en Robyn, pero el tonto órgano que tenía en el pecho se había empeñado en latir igual por él y ahora estaba llorando por la decepción.

No podía seguir allí por más tiempo. No cuando sus ojos no dejaban de mirar hacia la feliz pareja, que le confirmaba que había perdido.

―Chicas, no me encuentro bien, creo que mejor me voy a casa ya ―les dijo―, pero vosotras continuad la noche, sé que lo estáis deseando. Llamaré a un taxi y me…

―No puedes irte ahora ―Mae protestó y la arrastró al centro de la pista para que continuase bailando―. Estamos en lo mejor de la noche. Hemos pedido nuestra canción.

―En serio, chicas, no puedo ―insistió―. Se acabó para mí.

―La última copa mientras esperamos que pongan la canción ―propuso Nat―. Después tú te vas y yo me uno al guapo que me hace ojitos desde, por lo menos, unos veinte minutos. Mae que haga lo que le dé la gana. ¿Trato hecho?

―Por mí vale ―respondió la aludida, aunque se veía tan molesta que Alexis dudaba que le pareciese tan bien como decía.

Y aunque ella no quería quedarse ni para una última copa, decidió que lo haría por ellas. Después de todo, estaban allí para animarla, se lo debía.

―De acuerdo ―claudicó.

―Sí ―gritó Nat, entusiasmada.

Mae parecía más animada también y, cuando sonó su canción, ambas tomaron a Alexis por los brazos y la arrastraron hacia la pequeña tarima que había en el centro del local. Antes de que pudiese asimilar lo que estaba pasando, ya se habían subido en ella.

―Estoy muy borracha, chicas ―les advirtió―. Esto es peligroso para mí.

―Nosotras te sostenemos ―gritó Mae por encima de la música, antes de ponerse a cantar.

Nat ya estaba inmersa en la letra y Alexis se olvidó, por un momento, de lo que la había llevado a pedirles a sus amigas que se fuesen. Cerró los ojos y comenzó a cantar con ellas. Había ido a desconectar. ¿Qué importaba si Robyn le comía la boca a Ace? Podía ser solo un rollo de una noche.

Se abrazó a sus amigas y empezaron a saltar en la plataforma. Muchos de los que estaban cerca, las coreaban y aplaudían. El subidón de adrenalina fue tal, que se acercaron al borde y se dirigieron a la gente como si fuesen famosas en un concierto.