Capítulo 14
Juliet condujo de vuelta tras la escalada. El equipo había ido a un bar en New Paltz para celebrarlo. Ella había dicho que no.
No dejaba de ver a Katja.
Sus muslos mediante un gancho de talón en el saliente. ¿Habría sido la escalada lo que los había dejado tan definidos?
Los bíceps de Katja tensándose en la cuerda. Sus ojos azules brillando al pie del acantilado bajo la luz de la mañana.
Sus axilas suaves cuando se estiraba. Sus labios curvándose al reír. Sus manos en la trabilla del cinturón de Juliet, pasando el nudo en ocho, cálidas sobre su cadera.
Juliet se removió en el asiento, apretando las manos en el volante. Se le secó la boca.
Sentía un latido excitado por todo el cuerpo. Los pezones se le habían endurecido y se marcaban contra la camiseta.
En un semáforo en rojo, cayó en la cuenta.
Me atrae la mujer de mi ex.
El pensamiento la detuvo en seco. ¿Pero qué cojones? ¿Cómo ha pasado esto?
¡Es desesperante! ¿Cómo puede atraerme una mujer tan irritante?
Es inteligente. Y parece una diosa vikinga, arrastró su voz interior.
Vete a la mierda.
Juliet se mordió el labio. No. Es la mujer de Jake. ¿Cómo puede siquiera atraerme? ¡Y soy su jefa!
Pero las señales estaban ahí. Se miró y sí, sus pezones seguían erectos.
Pensó en los muslos de Katja y los suyos propios se tensaron de forma involuntaria.
Joder, joder, joder.
Un claxon sonó detrás de ella cuando el semáforo se puso en verde.
Aceleró, con las palmas de las manos sudorosas sobre el volante.
Haré que otro socio trabaje con ella.
No puedes, se burló su Voz Interior. Hedda os quiere a ti y a Katja.
Joder.
Para cuando aparcó ante la casa de piedra, ya había tomado una decisión.
Seré fría. Pasaré el menor tiempo posible con ella. No haré nada al respecto. NO LE MIRARÉ EL CUERPO.
Buena suerte con eso, resopló su Voz Interior.
Puso en práctica sus reglas al día siguiente.
La reunión con Sørensen era a las nueve. Ella estaba en la sala de conferencias a las ocho y cincuenta y ocho, repasando los progresos realizados hasta el momento.
Katja entró a las nueve en punto con un traje de chaqueta gris marengo, dos cafés y una carpeta bajo el brazo.
El pantalón se le tensaba contra los muslos al caminar.
Los pezones de Juliet se endurecieron bajo la camisa.
Te lo dije, se rió para sus adentros la Voz Interior.
Juliet la ignoró y dirigió la reunión con mano de hierro. Le llamó la atención a Katja por varios clientes, fijando la vista en los ojos verdes de la socia solo durante breves instantes.
Echó por tierra una de las notas de Katja, sabiendo que se estaba portando como una borde.
Vio el dolor en sus ojos, aunque Katja lo ocultó rápidamente.
Juliet poco menos que huyó en cuanto terminó la reunión.
Se fue a casa y estuvo golpeando el saco de boxeo durante dos horas hasta que se quedó exhausta y sin fuerzas.