Subastada en el Remate del Mafioso Serbio (Imperios de la Mafia Libro 3) Capítulo 35
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Capítulo 35

La puerta se abre de nuevo, y esta vez Viktor entra con una prisa que no tenía antes, algo tenso en sus movimientos que rompe del todo la calma calculada que mantuvo en la visita anterior.

No se acomoda el saco esta vez, no se sienta con la parsimonia de antes; se queda de pie, cerca de la puerta, como si no pudiera decidir si quedarse o volver a salir.

—Parece que tu gente te encontró más rápido de lo que pensé —dice, sin preámbulos.

Mila siente el pulso acelerársele, la esperanza y el miedo mezclándose de una forma que no logra del todo controlar, pero mantiene la expresión neutral, la espalda todavía erguida contra la silla pese al cansancio de horas de tensión sostenida.

—¿Eso te sorprende? Subestimaste a Aleksandar desde el principio. No veo por qué esta parte sería distinta.

Viktor la mira con algo que ya no es la arrogancia tranquila de antes, sino una urgencia más cruda, más expuesta. Se acerca un paso, la respiración un poco más agitada de lo habitual.

—Tenemos poco tiempo, así que voy a ser directo. Vas a decirme exactamente qué tan cerca están, y vas a decírmelo ahora.

—No tengo forma de saber eso.

—Mentira.

—No es mentira. Estoy atada a una silla en un sótano. No tengo ventanas, no tengo reloj, no tengo forma de calcular nada de lo que me estás preguntando.

Mantiene la voz firme al decirlo, aunque el corazón le late con fuerza contra el pecho.

Viktor se pasa una mano por la cara, la máscara de control resquebrajándose un poco más con cada segundo que pasa, y Mila reconoce, con una claridad fría, que está viendo por primera vez al hombre real detrás de meses de planificación silenciosa.

Nota, también, algo que no había notado en la visita anterior: un temblor apenas perceptible en la mano que se pasa por la cara, la respiración un poco más rápida de lo que su tono calmado intenta disimular.

Los ojos se le mueven hacia la puerta un instante, como si calculara cuánto tiempo real le queda.

No está tan tranquilo como quiere aparentar. Esto también le está costando a él.

*

—¿Por qué esto te importa tanto? —pregunta Mila, la voz calma, buscando abrir la grieta que acaba de ver—. Si de verdad tenías todo bajo control, la llegada de Aleksandar no debería cambiar nada.

—No cambia nada.

—Entonces por qué estás aquí, apurado, en lugar de esperando tranquilo como decías antes.

Viktor la mira un largo instante, algo cediendo detrás de sus ojos, y cuando habla, la voz ya no tiene la misma seguridad de antes. Se apoya contra la pared, como si de golpe necesitara el soporte, la respiración un poco más pesada de lo normal.

—Porque llevo meses planeando esto. Meses enteros, cada detalle, cada movimiento, desde mucho antes de que aparecieras en esa subasta.

—¿Meses?

—Desde que Aleksandar empezó a expandirse hacia territorio que yo consideraba mío. Necesitaba desestabilizarlo, y necesitaba hacerlo de una forma que no se pudiera rastrear directamente hasta mí.

Mila siente el estómago cerrársele, la pieza que faltaba encajando con una claridad brutal. Mantiene el rostro lo más quieto posible, sin dejar que la mueca de asco le llegue del todo a la expresión.

—La subasta.

—La subasta fue la fachada perfecta. Un evento discreto, sin registros oficiales, donde nadie iba a hacer preguntas sobre quién estaba invitado o por qué.

—¿Y yo?

Viktor la mira, y por primera vez desde que entró, la sonrisa se le tuerce apenas. Se pasa la lengua por los labios antes de responder, el primer gesto de duda genuina que Mila le ve desde que empezó todo esto.

—Tú fuiste el cebo. Desde la primera invitación que te llegó, ya sabía exactamente lo que iba a pasar si Aleksandar te veía en esa sala.

Algo en la forma seca de decirlo, sin adornos ni justificaciones, le confirma a Mila que no está exagerando ni un ápice del alcance real de lo que planeó.

Se queda en silencio un segundo, dejando que la magnitud completa de la confesión termine de asentarse antes de seguir presionando.

El frío del sótano parece, de golpe, mucho más intenso que antes.

*

—Explícame todo —dice Mila, la voz más firme de lo que se siente por dentro—. Ya llegamos hasta aquí. No tiene sentido que sigas ocultando el resto.

Viktor se ríe, un sonido corto, sin humor real.

—¿Por qué habría de explicarte nada?

—Porque necesitas decírselo a alguien. Se nota. Llevas meses cargando esto solo, y ahora que se está cayendo a pedazos, una parte de ti quiere que alguien más entienda lo que construiste.

Algo en la expresión de Viktor confirma que ella acertó, y por un momento el silencio se estira entre los dos antes de que él vuelva a hablar.

—Organicé la subasta a través de una red de contactos que Aleksandar nunca sospechó, gente que le debía favores a mi antiguo socio, no a mí directamente. Tú entraste al sistema como cualquier otra mujer reclutada para esa noche, sin saber nada de lo que realmente estaba pasando.

—¿Sabías que él iba a estar ahí esa noche específica?

—Sabía que iba a estar en algún momento durante esas semanas. Aseguré que coincidiera contigo apareciendo en el lote correcto.

—¿Cómo?

—Detalles que no hacen falta que sepas. Lo importante es que funcionó exactamente como lo planeé. La pujó, se la llevó, empezó a protegerla como protege todo lo que considera suyo.

Mila siente la rabia y el asco mezclándose por dentro, pero se obliga a mantener el tono controlado.

—¿Y el plan era qué? ¿Que yo terminara siendo un problema para él de alguna forma?

—El plan era usarte como punto de presión en el momento justo. Una amenaza contra ti, ejecutada en el momento preciso, iba a obligarlo a exponerse, a cometer errores, a cambiar el equilibrio de poder que sostiene hace años en la región.

—Y por eso me secuestraron.

—Exacto. El momento en el que Aleksandar más expuesto y más desesperado esté es el momento en el que yo puedo golpear donde realmente importa.

Mila procesa cada palabra, el plan completo finalmente visible frente a ella en toda su magnitud, meses de manipulación reducidos a una estrategia fría contada por el propio hombre que la diseñó.

Siente, debajo de la rabia, el piso moviéndose bajo sus certezas: la de que su vida entera de los últimos meses, cada gesto de Aleksandar, cada momento que creyó genuino entre los dos, estuvo enmarcado, sin que ella lo supiera, dentro del plan de otro hombre.

Pero lo que pasó después de la subasta no lo planeó él. Eso fue nuestro.

Se aferra a esa distinción con la misma fuerza con la que se aferró, minutos atrás, a la ubicación que logró transmitirle a Aleksandar.

—Eres consciente de que me estás contando todo esto sabiendo que, si sobrevivo, se lo voy a repetir palabra por palabra.

Viktor la mira, algo oscuro cruzándole la expresión.

—Soy consciente, sí.

*

—Entonces qué va a pasar ahora —dice Mila, la voz apenas sosteniéndose firme.

Viktor se levanta, camina hacia la puerta, y se detiene ahí un momento antes de responder, la mano apoyada contra el marco buscando apoyo. No se da vuelta enseguida, tomándose un segundo más para ordenar la respuesta.

—Depende de cuánto tarde Aleksandar en llegar, y de qué tan dispuesto esté a negociar cuando llegue.

—¿Y si no negocia?

—Entonces vas a tener que confiar en que le importas lo suficiente como para no arriesgar tu vida con una entrada precipitada.

Mila procesa la respuesta, el estómago cerrándosele otra vez ante la idea cruda de que su vida dependa de un cálculo así.

—¿Y si de verdad no le importa lo suficiente?

Viktor la mira, y por primera vez desde que entró a esa habitación, algo le tiembla en el rostro, un parpadeo que dura apenas más de lo necesario.

—Entonces vamos a averiguarlo los dos al mismo tiempo.

Sale sin decir más, la puerta cerrándose con un golpe seco que resuena en el espacio reducido del sótano.

Mila se queda sola, cada palabra de la conversación repitiéndosele en la cabeza, el peso completo de lo que acaba de escuchar asentándose recién ahora, con la adrenalina bajando lo suficiente como para dejar espacio al miedo real.

Se mueve apenas en la silla, buscando aliviar la presión de las cuerdas contra las muñecas, sin resultado.

Me está usando como apuesta. Y ni siquiera él sabe cómo va a salir.

Piensa en Aleksandar, en si ya habrá llegado, en si ya sabe todo lo que ella acaba de escuchar de boca del propio Viktor.

Piensa en la promesa que se hicieron, en la certeza de que él no la va a abandonar ahí adentro pase lo que pase con el cálculo político que tanto le costó dejar atrás en los últimos días.

*

Lo que queda después de que Viktor sale se estira más de lo que Mila puede medir con precisión, cada segundo pesando distinto ahora que conoce el alcance completo del plan que la trajo hasta aquí.

Intenta aflojar las ataduras una vez más, sin éxito, el cuerpo cansado después de horas de tensión sostenida. Las muñecas ya no le duelen tanto como al principio; están entumecidas, algo que le preocupa casi tanto como el dolor mismo.

Si Aleksandar negocia, tengo una oportunidad. Si no negocia, o si Viktor decide que ya no vale la pena esperar...

No termina el pensamiento, la posibilidad demasiado cruda para sostenerla del todo.

Del otro lado de la puerta, voces se alzan de golpe, más fuertes que antes, alguien gritando algo que no logra distinguir con claridad. Después, un sonido seco, distinto a cualquier otro que escuchó hasta ahora, seguido de un silencio abrupto que le eriza la piel.

Eso fue un disparo.

El corazón le late con una violencia que casi le corta la respiración, cada posibilidad, buena o terrible, cruzándole la mente al mismo tiempo sin que pueda descartar ninguna todavía.

Pasos se acercan a la puerta, rápidos, decididos, y Mila no tiene forma de saber, en el segundo antes de que se abra, si del otro lado la espera Aleksandar o el final de todo lo que Viktor dejó en el aire.

La puerta empieza a moverse, el picaporte girando despacio.

Mila cuenta los segundos sin querer, la respiración contenida, esperando reconocer una voz antes de ver una cara.