Capítulo 29
Aleksandar sube a buscarla apenas Dragan termina de confirmar lo que venían sospechando desde la noche anterior, la expresión seria, cuidadosa, la de alguien que mide cada palabra antes de decir algo que va a doler.
Toca la puerta del cuarto con dos golpes suaves, sin la urgencia habitual de sus pasos.
Ella ya intuye, por el ritmo distinto de esos golpes, que algo cambió, la luz de la mañana entrando apenas por la ventana entreabierta.
—Tenemos el nombre confirmado —dice, sentándose frente a ella.
Mila siente el estómago tensarse de golpe. Se sienta más derecha, como preparándose físicamente para el impacto que sabe que viene.
—Dímelo.
—Es Viktor Halep.
Aleksandar lo dice sin adornos, dejando que el nombre caiga con todo su peso propio.
El nombre tarda un segundo en asentarse, y cuando lo hace, algo en Mila se quiebra por dentro con una claridad helada.
—¿Viktor?
—¿Lo conoces?
—Lo conozco hace años. Es amigo de mi excompañera de trabajo. Estuvo en mi cumpleaños el año pasado. Me ayudó a mudarme una vez, cuando nadie más podía.
Mila lo dice de un tirón, cada recuerdo apilándose sobre el anterior con una velocidad que la marea.
Aleksandar la observa procesar la información, sin apurarla, dejando que el peso de la revelación se asiente a su propio ritmo.
—Estás seguro de que es él —dice ella, no como pregunta sino buscando que se lo confirme una vez más, necesitando escucharlo de nuevo para creerlo del todo.
Aleksandar asiente despacio, sin ninguna duda en el gesto.
—Comunicaciones directas con el ex socio. Transferencias que coinciden en fecha con cada paso del esquema. No hay margen de error.
Aleksandar lo enumera con precisión, cada dato ya confirmado antes de subir a decírselo.
Mila se lleva las manos a la cara, la traición asentándose con un peso completamente distinto al miedo abstracto de un desconocido operando desde las sombras.
Se queda así un momento, respirando hondo, el gesto lo único que la sostiene para no derrumbarse del todo, los dedos temblándole apenas contra la piel.
No es solo el miedo lo que le corta la respiración a Mila. Es la certeza de que alguien a quien consideraba, aunque fuera de lejos, parte de su vida, pasó meses observándola, calculando cómo usarla, mientras sonreía en su cumpleaños.
*
—¿Por qué? —pregunta Mila, la voz temblando de una rabia que no esperaba sentir con esa intensidad—. ¿Qué gana con esto?
Aleksandar espera un segundo antes de contestar, midiendo cuánto de la verdad completa puede ofrecerle todavía.
—Todavía no lo sabemos del todo. Pero el patrón sugiere que buscaba desestabilizarme a mí, usando el esquema del ex socio como vehículo.
—¿Y yo qué fui para él? ¿Una herramienta? ¿Un dato útil que tenía guardado por si algún día le servía?
Lo pregunta con la voz quebrándose apenas al final, la rabia y el dolor mezclándose sin dar tregua.
—Mila...
—No. Quiero decir esto en voz alta. Confié en él. Le conté cosas de mi vida que no le cuento a cualquiera. Y todo ese tiempo estuvo evaluando cómo usarme.
Lo dice cada vez más rápido, queriendo sacárselo de encima antes de perder el valor de decirlo.
Se levanta, camina hasta la ventana, los brazos cruzados, el cuerpo tenso de una forma que Aleksandar no le vio desde los primeros días, cuando todavía era una desconocida asustada en medio de una trampa. Afuera, el jardín se ve gris bajo la luz de la tarde que empieza a caer.
—¿Sabes lo peor? —dice ella, sin darse vuelta—. Que ni siquiera lo hubiera sospechado. Si me preguntaras hoy en quién confío, capaz lo mencionaba a él antes que a mucha otra gente.
—Eso no dice nada malo de ti. Dice todo de él.
Aleksandar lo dice con firmeza, buscando sostenerla con la voz aunque no pueda hacerlo con nada más en ese momento.
—Dice que no sé distinguir quién me quiere cerca por las razones correctas.
*
—¿Cómo lo conociste, exactamente? —pregunta Aleksandar, acercándose despacio, dándole espacio pero sin dejarla sola con esto.
—Por Ana, mi excompañera de trabajo. Se conocieron hace años, antes de que yo la conociera a ella. Siempre fue simpático, generoso, del tipo de persona a la que le pides un favor sin sentir que le debes una explicación.
—¿Alguna vez notaste algo raro?
Mila lo piensa, repasando cada encuentro con una lupa nueva, incómoda, los recuerdos reorganizándose bajo una luz que no tenían antes.
—Ahora que lo pienso, siempre preguntaba mucho. Sobre mi trabajo, mis planes, la gente con la que salía. En su momento me pareció interés genuino. Ahora...
Mila deja la frase inconclusa, incapaz de terminarla sin que la voz se le quiebre un poco.
—Ahora suena distinto.
Aleksandar lo dice sin apuro, dejándola llegar a sus propias conclusiones antes de nombrarlas él mismo.
—Ahora suena a que estuvo recolectando información todo este tiempo.
Aleksandar se sienta en el borde de la cama, dejándole a ella el espacio de la ventana, respetando la distancia que puso entre los dos sin forzar nada. La deja marcar el ritmo, sin apurar ninguna respuesta. Afuera, el jardín ya se oscurece del todo.
—¿Fue él quien te mencionó el evento? ¿El que terminó siendo la subasta?
—No directamente. Pero ahora que lo pienso, fue él quien me presentó a la persona que después insistió tanto para que fuera.
Mila lo dice despacio, cada palabra costándole un poco más que la anterior.
—Entonces la conexión es completa. Viktor a la persona que te reclutó, esa persona al ex socio, el ex socio a la subasta.
Aleksandar lo enumera despacio, ordenándolo en voz alta tanto para él como para ella.
—Todo armado con tiempo. Con paciencia.
—Y contigo como pieza central desde el principio, no como una elección de último momento.
Mila cierra los ojos un momento, la magnitud completa de la manipulación asentándose de golpe. Se aprieta las manos entre sí, buscando algo físico a lo que aferrarse mientras el peso completo de la revelación termina de caer.
—Meses, Aleksandar. Meses observándome antes de decidir usarme.
Reconstruir la cronología completa, pieza por pieza, en voz alta, le confirma a Mila algo que le cuesta aceptar del todo: que la vida que creía tener antes de conocer a Aleksandar ya estaba, sin que ella lo supiera, contaminada por alguien jugando un juego mucho más largo de lo que cualquiera de los dos imaginó.
*
La rabia inicial va cediendo, poco a poco, dando paso a algo más quieto, más triste. El cuarto se ha oscurecido un poco más, la luz de la tarde ya casi extinguida detrás de las cortinas.
—¿Qué va a pasar ahora? —pregunta Mila, sentándose finalmente junto a Aleksandar.
—Vamos a confirmarlo del todo, reunir todo lo que necesitamos, y actuar antes de que él decida moverse primero.
Aleksandar lo dice con la calma metódica que ya es marca suya, aunque el ritmo del pulgar contra la mesa delata la tensión de fondo.
—¿Crees que ya sabe que lo descubrimos?
—Hay señales de que sí. Cerró accesos, movió dinero. Alguien así no hace eso sin motivo.
Aleksandar lo dice con la vista fija en algún punto de la habitación, ya calculando el siguiente movimiento.
Mila siente un escalofrío distinto al de la rabia, el mismo frío de los primeros días. Se cruza de brazos, como buscando abrigo contra algo que no tiene nada que ver con el frío.
—Si sabe que lo descubrimos, ¿qué va a hacer?
—No lo sé todavía. Pero un hombre con recursos y sin nada que perder es más peligroso que uno que todavía cree que tiene tiempo.
Ella apoya la cabeza contra el hombro de Aleksandar, buscando algo de la calma que él siempre parece encontrar incluso en medio del peor escenario posible. Se queda así un momento, escuchando el latido de él debajo de la ropa, algo que la ancla al presente.
—Prométeme que vamos a estar bien.
—No te voy a prometer algo que no puedo garantizar. Te prometo que voy a hacer todo lo posible para que así sea.
Mila asiente, aceptando la honestidad de esa respuesta por sobre cualquier promesa vacía. Se queda apoyada contra él un momento más, sin necesidad de decir nada.
El consuelo que Aleksandar le ofrece no es el de certezas fáciles sino el de una presencia real, constante, dispuesta a no mentirle ni siquiera para calmarla. Y en ese momento, Mila entiende que necesita exactamente eso, y nada más.
*
Esa misma noche, mientras Aleksandar coordina con sus hombres el siguiente paso, Dragan interrumpe con el teléfono en la mano, la expresión tensa.
—Tenemos movimiento de Viktor. Contrató gente nueva en las últimas horas. Gente que no trabaja para él normalmente.
Dragan lo dice de pie, sin sentarse, el teléfono todavía en la mano como si pudiera necesitarlo de nuevo en cualquier momento.
—¿Qué tipo de gente?
—El perfil coincide con quienes contratas cuando necesitas resolver algo rápido y sin dejar rastro.
Dragan lo dice sin rodeos, sabiendo que suavizarlo no le haría ningún favor a nadie en esa habitación.
Algo se asienta en la expresión de Aleksandar, la misma certeza fría de horas antes, ahora confirmada.
—Sabe que estamos cerca.
Aleksandar lo dice casi para sí mismo, procesando la información en tiempo real.
—Es lo que parece.
—¿Y decidió no esconderse, sino actuar? —pregunta Dragan.
Mila, que escuchó parte de la conversación desde la puerta, siente el miedo instalársele otra vez, distinto al de la rabia de la tarde, más filoso, más inmediato. Entra al cuarto sin que nadie la invite, necesitando escuchar el resto de primera mano.
—Es lo que sugiere el patrón, sí —responde Aleksandar.
—¿Qué significa esto? —pregunta ella, aunque una parte de ella ya intuye la respuesta.
Aleksandar la mira, la determinación reemplazando cualquier resto de la calma cuidadosa que mantuvo toda la tarde.
—Significa que Viktor Halep ya no está pensando en cómo desaparecer —dice Aleksandar, la voz baja y dura—. Está pensando en cómo terminar esto de una vez, antes de que nosotros lleguemos primero.