Subastada en el Remate del Mafioso Serbio (Imperios de la Mafia Libro 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

El estudio está en penumbra, una sola lámpara encendida sobre el escritorio, el resto de la habitación apenas visible entre sombras de estanterías. Afuera ya oscureció del todo; ninguno de los dos ha comido nada desde la subasta.

Mila todavía tiene el vestido de esa noche puesto, aunque ya no se siente como el mismo vestido. El maquillaje se le corrió en algún momento del trayecto y ninguno de los dos lo mencionó.

—Cuéntame cómo llegaste ahí —dice Aleksandar, de pie junto a un escritorio cubierto de papeles que no le pertenecen a ella—. Desde el principio.

Mila se sienta en el borde de una silla, las manos juntas sobre las rodillas. No es la primera vez esa noche que le piden que repita la historia, pero sí es la primera vez que alguien la escucha así, sin apuro, como si cada palabra pudiera importar.

—Fue Dario.

—¿Quién es Dario?

—Un conocido de un conocido. Lo vi dos veces antes de esa noche, nunca de más de diez minutos. Me lo presentó Ana, una excompañera de trabajo. Ella conoce a medio mundo; da igual, para el caso.

—¿Cómo te contactó?

—Un mensaje. Dijo que sabía de un evento de coordinación, bien pago, gente seria. Insistió cuando le dije que no estaba segura.

—¿Insistió cuánto?

—Tres veces en una semana. La última vez me mandó una cifra que no tenía sentido rechazar.

Aleksandar no escribe nada, pero tampoco aparta los ojos de ella mientras habla.

—Una invitación demasiado buena —dice él, más para sí que para ella.

—Eso mismo pensé yo. Y fui igual.

Mila hace una pausa antes de seguir, como si la frase le costara más de lo que esperaba.

Mila repasa mentalmente esa semana otra vez, como si contarlo en voz alta le mostrara algo que no había visto antes. Dario insistiendo. La cifra. El mensaje escrito con una prisa que en su momento no le llamó la atención.

—¿Alguna vez te preguntó por mí? —dice él—. Antes de esa noche.

—No. Nunca mencionó tu nombre.

—¿Segura?

—Segura. Ni una sola vez, en ningún momento.

—¿Sabías, aunque sea en parte, lo que era la subasta antes de entrar?

—Tenía una idea. No quise pensarla del todo hasta que fue tarde.

Termina de contar la historia completa, sin darse cuenta todavía de que una de las palabras que acaba de usar va a cambiar todo lo que creía saber sobre esa noche.

*

Aleksandar la deja sola un momento en el estudio mientras atiende una llamada afuera. Mila se levanta, camina despacio entre estanterías y carpetas, sin tocar nada, solo mirando.

El lugar huele a madera vieja y a papel, con un silencio distinto al de la calle, más denso, como si nada de lo que pasa ahí adentro estuviera destinado a salir de esas paredes. Se descalza sin pensarlo, como si el silencio mismo le pidiera pisar más suave.

Fotos enmarcadas en una pared lateral: reuniones, eventos, caras que no reconoce.

Recorre la pared despacio, deteniéndose apenas en cada marco, sin encontrar nada que la detenga de verdad. En una de las fotos, Aleksandar es más joven, de traje, rodeado de gente que ella no ubica.

Sigue caminando hasta que llega a la mesa auxiliar, sin apuro, todavía convencida de que no va a encontrar nada que le importe.

Se detiene frente a una carpeta abierta sobre una mesa auxiliar, papeles sueltos con nombres impresos. No es su intención leer nada. Los ojos se le van solos a una hoja con una fotografía prendida con un clip.

Un hombre. La cara no le es nueva.

El papel tiembla apenas entre sus dedos, un movimiento tan pequeño que ni ella misma lo nota todavía.

Se acerca un paso más, sin darse cuenta de que lo hace, la respiración un poco más lenta que un segundo antes.

Afuera, la voz de Aleksandar sigue baja y pareja al teléfono, sin apuro, ajena por completo a lo que ella acaba de encontrar. Mila no lo llama todavía. Se queda ahí, quieta, la foto entre los dedos, tratando de ordenar de dónde le suena esa cara antes de decir nada en voz alta.

Cierra los ojos un segundo, como si eso ayudara a traer el recuerdo más rápido. Y entonces lo encuentra.

Mila se queda mirando esa foto más tiempo del que debería, tratando de ubicar de dónde conoce esa cara —y cuando por fin lo ubica, el estómago se le cierra de golpe.

*

Aleksandar vuelve al estudio y la encuentra todavía parada frente a la mesa auxiliar, la carpeta abierta, la foto entre los dedos de ella.

—¿Qué pasa?

Mila levanta la foto, se la muestra sin soltarla del todo, la mano un poco más tensa de lo necesario.

—Lo conozco.

—¿De dónde?

—No sé su nombre completo. Lo vi un par de veces, hace años, en reuniones de trabajo de alguien más. Nunca hablé con él directamente.

Aleksandar toma la foto de sus manos, la mira de cerca, como si buscara algo que a ella se le hubiera escapado, y después levanta la vista hacia ella.

—¿Estás segura?

—Segura.

—Ese hombre trabajó para mí. Hace tiempo que no.

—¿Cómo se llama?

—Eso tampoco te lo puedo decir todavía. Primero necesito confirmar algo.

—¿Qué hacía para ti?

—Trabajo de confianza. De los que no se anotan en ningún papel.

—¿Y qué se llevó, exactamente?

—Eso todavía no te lo puedo decir. Ni a ti.

—¿Por qué está en tu carpeta?

—Porque lo estoy investigando. Por algo completamente distinto a ti.

Mila deja la foto sobre la mesa, despacio, como si de pronto pesara más.

—¿Distinto cómo?

—Se fue de mala manera. Se llevó algo que no era suyo.

—¿Algo valioso?

—Lo suficiente como para que todavía lo esté buscando.

—¿Y todavía lo estás buscando?

—Todavía. Y hasta esta noche no tenía ni un solo hilo del que tirar.

Mila mira la foto una vez más, como si eso fuera a cambiar algo de lo que ya dijo.

—Dario —dice—. El que me insistió con la invitación. Una vez lo vi hablando con este hombre. En ese momento no le di importancia.

Aleksandar no dice nada por un segundo. La mira fijo, como si estuviera recalculando algo, reordenando piezas que hasta ahora no encajaban entre sí.

—¿Dónde los viste hablar?

—En la calle, cerca de la oficina de Dario. Fue rápido. Ni siquiera me acuerdo bien de qué mes.

—¿Hablaban como si se conocieran de antes?

—Sí. No parecía la primera vez.

—¿Cuánto hace de eso?

—No sé, tal vez un año. Puede que menos.

Aleksandar golpea el borde de la mesa con dos dedos, despacio, la vista fija en la foto, como si el ritmo lo ayudara a ordenar algo que todavía no termina de encajar.

—Eso no es coincidencia.

El nombre que Mila trajo de su propio pasado y el hombre que Aleksandar tenía guardado en esa carpeta acaban de cruzarse en la misma mesa — y ninguno de los dos cree ya que sea casualidad.

*

—Cuéntame todo lo que sepas de él —dice Aleksandar—. Cualquier detalle, por chico que parezca.

Mila se sienta otra vez, esta vez más al borde de la silla que antes.

—No mucho. Serio. Hablaba poco. Siempre parecía estar evaluando a la gente, no conversando con ella.

—¿Edad, más o menos?

—Cuarenta y algo. Pelo corto, canoso en las sienes. Nada que lo haga destacar en una sala llena de gente.

—¿Alguna marca, cicatriz, algo así?

—No que yo haya visto. Nada llamativo.

—¿Nombre?

—Nunca lo escuché completo. Dario lo llamaba solo por un apodo. Nada que sirva para buscarlo.

—¿Qué apodo?

—Algo corto. No lo recuerdo bien, la verdad. Fue una sola vez, de pasada.

Aleksandar anota algo en un papel aparte.

—¿Eso te sirve?

—Con eso alcanza para empezar. Un apodo y una cara son más de lo que tenía ayer.

—¿Empezar qué?

—A confirmar que tú no terminaste en esa subasta por mala suerte.

—¿Qué se supone que hago yo con eso?

—Por ahora, nada. Solo seguir recordando todo lo que puedas, aunque parezca que no sirve de nada.

Mila cruza los brazos, después los descruza otra vez, despacio, sin apartar los ojos de él.

—¿Tú crees que esto viene de mucho antes de esa noche?

—Empiezo a creer que sí.

—¿Cuánto tiempo hace que buscas a este hombre?

—Meses. Sin ningún resultado hasta esta noche.

—¿Y si me hubiera cruzado con él antes, sin saberlo?

—Es posible. Por eso necesito que pienses en todo, aunque parezca insignificante, aunque no tenga sentido todavía.

—¿Y si Dario sabe más de lo que dijo?

—Es lo primero que voy a averiguar.

No es mucho lo que Mila puede aportar sobre ese hombre, pero es más de lo que Aleksandar tenía hasta un minuto atrás — y los dos lo saben.

*

Aleksandar cierra la carpeta despacio, la deja sobre el escritorio, y se queda de pie frente a ella un momento antes de hablar. El silencio se estira lo suficiente como para que Mila entienda que lo que sigue no va a ser una frase cualquiera.

Afuera, la casa entera está en silencio. Ni pasos, ni teléfonos, ni la voz de nadie más. Solo los dos, y la carpeta cerrada entre ellos como algo que todavía no terminó de decir todo lo que sabe.

—¿Y ahora? —pregunta Mila, antes de que él diga nada más.

—Ahora te digo lo que ya empiezo a sospechar, aunque todavía me falten piezas para armarlo del todo.

—Esto no es coincidencia —dice—. Un hombre que trabajó para mí y me guarda algo pendiente, conectado con alguien que insistió en llevarte a esa subasta. Tú apareciste ahí la misma noche que decidí ir yo.

—¿Estás diciendo que me eligieron a mí para llegar a ti?

—Estoy diciendo que ya no creo en el azar.

Mila no aparta la vista de él. No es la primera vez esa noche que algo se mueve bajo lo que creía saber sobre su propia vida, pero sí es la primera vez que alguien más lo confirma en voz alta, sin que ella tenga que convencerlo de nada.

—Entonces quiero ayudar a averiguar quién es —dice—. No solo por ti. Por mí también.

Aleksandar la mira más tiempo del necesario antes de responder.

—Investigamos esto juntos.

Ya no es su historia sola.

Es la de los dos.

Y ninguno sabe todavía cuánto de esto empezó antes de que se conocieran.