CAMINO
Esta vez sí siento su abrazo y, al rodearme con su cuerpo al bajar del avión, dejo salir todo el dolor contenido los dos últimos días. Diego me deja llorar mientras me sostiene, no tengo claro durante cuánto tiempo. Cuando consigo articular las palabras, le explico la situación.
—Es perfectamente comprensible si decides dejar el caso y volver a Barcelona.
—Gracias, pero no quiero. Necesito tener mi mente ocupada en algo que no sea la enfermedad de mi madre. Sentarme durante horas a su lado viendo cómo se va deteriorando no es algo muy sano para mí. Necesito pillar a ese cabrón y cerrar todo esto, para poder decidir qué hacer a partir de ahí.
—No es el momento, lo sé, pero cuando dices cerrar todo esto, ¿es todo?
—No puedo darte la respuesta que buscas, ahora mismo no lo sé. Tengo tantos sentimientos dentro que no los puedo ordenar. Me hace falta tiempo.
—Todo el que necesites.
—¿Prometido?
—Prometido.
Cuando llegamos a la oficina son casi las once.
Al entrar se forma una especie de silencio de velatorio, donde nadie sabe muy bien qué decir o hacer.
Solo Jimena viene directa hacia mí. Me conoce demasiado como para darme un abrazo, así que hace lo que tan bien se le da: me ofrece su mano para ayudarme a salir del pozo.
—Hola, amiga. Luego nos tomamos un café y me cuentas, pero ahora deja de escaquearte, que esto se ha puesto interesante. Estamos todos pendientes del ordenador de Elena como si fuese la final del Mundial. —Ni en un millón de vidas encontraría otra amiga como ella.
—Claro, vamos allá. —Le doy las gracias con la mirada, no hace falta más—. ¿Sabemos algo nuevo?
—Algo sabemos, jefa, no mucho, pero algo. Los registros de los pisos alquilados han dado cada uno su muestra de ADN, todos en los desagües de las bañeras, pero fue lo único que se encontró; por lo demás, estaban limpios.
—Era lo que esperábamos. Y ¿en sus domicilios?, ¿algo relevante?
—Relevante como tal, para nosotros no; había mucha mierda, tanto física como mental. —Me encanta lo directa que es Ali—. Lo frustrante es que en ninguno había ordenador.
—Esa también era una posibilidad: o los tienen con ellos o los han hecho desaparecer. Con mierda física imagino que te refieres a basura y suciedad, pero ¿qué significa mental?
—Sobre todo, libros. Había para todos los gustos, desde los más académicos sobre las fases del duelo, la superación de una pérdida, etc., hasta los más surrealistas.
Mis preferidos son los que resumen todos tus problemas en que no sabes manifestar tus deseos al universo y por eso no te van bien las cosas.
Nunca he entendido por qué no reparten libros de esos en Gaza, por ejemplo.
Me encantaría ver cómo les explican que el problema no está fuera, sino en su interior, y que si manifiestan correctamente atraerán la abundancia a su vida.
—Como en todos los ámbitos de la vida, siempre hay gente dispuesta a hacerse rica con las desgracias de otro.
Los seres humanos somos una miscelánea de factores y, por regla general, el problema de esta gente es que es simplista, porque es lo que vende.
Es más fácil decirte que si cambias una cosa toda tu vida será distinta a decirte que las causas son múltiples y que debes ir solucionándolas una a una.
Es innegable que una actitud positiva es capaz de mejorar incluso situaciones terribles y que ayuda a cambiar los cosas.
El poder del pensamiento sobre el cuerpo físico es incalculable, pero eso conlleva un trabajo que no todo el mundo quiere hacer.
Es necesario mirar hacia dentro, responsabilizarse de las decisiones que has tomado y te han convertido en la víctima de las circunstancias que tú mismo has creado y estar dispuesto a tomar decisiones.
Como me dijo una amiga: «La felicidad está en la coherencia entre lo que piensas, lo que sientes y lo que haces», y eso no siempre es fácil de aceptar.
Por eso proliferan todos estos nuevos mesías que te ofrecen una vida plena con cuatro sencillos pasos y por una cantidad indecente de dinero, porque la responsabilidad de cambiar tu vida vuelve a estar en manos de otro y tú solo tienes que pagar y pedir.
—Qué buena alumna eres, amiga. —Jimena me mira con cierto orgullo—.
Así es, esta gentuza ha prostituido el auténtico significado del desarrollo personal.
Cualquiera que se presente como salvador solo quiere salvar su cuenta corriente, una cosa es ayudar con conocimiento y otra decirte que tienen la solución de todos tus problemas.
Eso sin contar que a todos se les olvida que tenemos un cuerpo físico y que yo puedo manifestar salud, pero si me meto veneno cada día no va a ser muy útil.
—Supongo que por eso los eligió. Era gente desesperada y manipulable. El dolor y la rabia son malos consejeros.
—Estoy de acuerdo, Soto.
—También encontraron algo común en las viviendas —dice Anita—. En todas había una Biblia, concretamente la traducción Reina-Valera.
—Eso es importante, mucho, de hecho, tanto que incluso modifica el perfil de quien buscamos.
—¿Por qué es tan determinante?
—Vale, señores, se viene rollo, pero si no fuese esencial no os lo soltaría y, además…
—Miro el reloj—. Tenemos poco tiempo, así que intentaré hacer una versión resumida pero comprensible.
Desde que empezó todo esto estaba claro el componente religioso; no nos dejó lugar a dudas.
La virgen, las iglesias, el ajusticiamiento…
, todo apuntaba a un grupo de fanáticos católicos tergiversando la fe para poder tomarse la justicia por su mano, mientras lo impregnaban de castigo divino.
Pero resulta que la traducción Reina-Valera no es la Biblia usada por los católicos, sino por los protestantes.
—¿Protestantes? ¿Eso es una religión o una secta?
—No, Durán, es una religión cristiana, de hecho, es la religión predominante en muchos países: Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido, Australia e incluso algunos países nórdicos como Noruega, Dinamarca o Suecia.
—¿Por qué es tan importante?
—Porque, aunque comparten muchas cosas, difieren en muchísimas más y, precisamente, la base de esas diferencias está en la Biblia que cada religión acepta como texto de sus doctrinas.
La Biblia, sea cual sea su traducción, se compone de dos partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.
Para simplificar mucho, el antiguo recogería la historia de la humanidad desde su creación hasta la llegada del mesías y el nuevo se enfoca en la vida y enseñanzas de Jesucristo.
Esto de por sí plantea varios problemas.
El Nuevo Testamento habla de cosas que fueron observables, es decir, recogen el testimonio de diferentes personas que coexistieron con Jesucristo, es como la biografía de una persona.
Pero el antiguo, aunque contiene parte histórica, también habla de la creación del mundo y allí no había nadie.
Así que se presupone un mensaje divino, escrito por alguien iluminado o guiado por Dios, al menos, una parte de él.
Eso genera el segundo problema: la Biblia no es un libro al uso, con principio y final, sino una recopilación de relatos escritos por diferentes personas, con la dificultad añadida de que fueron redactados en hebreo y griego antiguos y arameo, lo cual, a su vez, provoca dos nuevos dilemas,
la traducción y la elección.
Traducir un texto escrito en estas lenguas es de una dificultad extrema.
El hebreo antiguo y el arameo tienen una base de raíces de tres consonantes, por lo que genera un complejo juego de palabras con significados múltiples que se pueden interpretar por contexto, pero no traducir como tal.
Algo así ocurre con el griego antiguo y los tiempos verbales que pueden significar cosas completamente diferentes.
Por eso cada traducción es en sí misma una interpretación de los textos originales y, aunque en su gran mayoría coinciden, hay partes que marcan grandes diferencias, de ahí el dilema de la elección de qué relatos conformarían las escrituras.
El Antiguo Testamento de la religión católica tiene cuarenta y seis libros, mientras que la traducción Reina-Valera, usada por los protestantes, tiene treinta y nueve; excluyeron aquellos que consideraron apócrifos, para ellos representaban dogmas del judaísmo,
basándose en que algunas costumbres o doctrinas reflejadas en ellos no aparecían en el Nuevo Testamento y, por lo tanto, no los consideraron la palabra de Jesucristo.
De esas decisiones surgen las grandes diferencias entre ambas religiones, que, aunque comparten muchas cosas, son muy críticas con respecto a otras.
Las más destacables serían tres, aunque hay muchas más.
La primera: reniegan de la estructura eclesiástica de la iglesia católica; no creen en la figura del papa, ya que para ellos la única fuente de autoridad es la Biblia.
La segunda es que creen que la salvación es una cuestión de fe y no de méritos o sacrificios, defienden que es un regalo divino que no se compra ni se gana y durante mucho tiempo han criticado la utilización de bulas o el pago de sacramentos como una tergiversación de la palabra de Dios;
para ellos el perdón no se puede pagar ni ganar, es un don gratuito de Dios.
La tercera, y quizás la que más nos afecta, es que no creen ni en vírgenes ni en santos.
Apoyándose en las palabras de Jesucristo, consideran que el único mediador entre Dios y los hombres es Él, y, por lo tanto, la veneración de imágenes es para ellos un acto de idolatría que desvía la atención de la adoración exclusiva a Dios.
—Entonces, lo de dejarlos delante de la virgen de los desamparados y en entornos católicos, ¿qué es?
—Con esta nueva perspectiva, una crítica. Como si estuviese diciendo que ese no es el camino a la salvación. No eran ofrendas, sino burlas, parece que quisieran decir que solo puede salvarte la fe.
—¿Ese es su mensaje, Eba?
—Creo que una parte, pero nos falta más de lo que tenemos.
En ese momento, suena un mensaje en el ordenador de Elena. Todos nos colocamos delante de la pantalla, anhelantes de saber qué pone. Para decepción general, son una serie de números, letras y símbolos. Solo contiene tres palabras: «Feliz año nuevo».
—¿Se está cachondeando?
—No, Durán. —Elena empieza a teclear—. Ha cumplido, son coordenadas.
—Empiezo a coordinar a los grupos de asalto, dime dónde vamos. —Diego coge el teléfono y empieza a hacer llamadas.
—Lo tengo. —Es verdad que es buena la niña—. Es una ubicación aislada en la sierra norte de Madrid, entre El Molar y El Vellón; paso enlace.
Menos Olga y Jimena, los demás nos colocamos los chalecos y revisamos nuestras armas.
No sabemos si nos vamos a encontrar una lluvia de disparos o una entrega pacífica.
Van también los artificieros; cualquier precaución es poca.
Tardamos unos cuarenta y cinco minutos en llegar hasta allí.
Es una finca con aspecto de llevar mucho tiempo cerrada.
No se ve movimiento ni se oye más sonido que el trino de los pájaros y el de los equipos desplegándose.
Hechas las comprobaciones, se da el aviso y tiran la puerta abajo.
La bofetada que recibimos al entrar no podré olvidarla en años. Salgo de la casa y cojo el teléfono.
—Dime, Eba. ¿Todo bien?
—Jimena, tenéis que venir Olga y tú.
—¿Y eso?
—Están todos muertos.