Salvación, camino y otras mentiras SALVACIÓN
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SALVACIÓN

Marcos 9, 43-49. La verdad es que había dado muchas vueltas al texto bíblico con el que empezar la siguiente reunión.

Por un momento había elegido el evangelio según Mateo, capítulo 5, versículos del 3 al 11, porque pensó que unas palabras de ánimo y reafirmación vendrían muy bien, pero luego cayó en la cuenta de que, probablemente, esas palabras irían mejor más adelante, al cabo de unos días.

Así que no, no era aún el tiempo de palmaditas en la espalda.

Ahora habría dudas, puede que incluso algún arrepentimiento; era el momento de convencer, de reforzar y de observar los avances.

No podía permitirse debilidades. Había escogido muy bien, eso lo sabía.

No dejaba nada al azar. El azar es la esperanza de los ignorantes de que las cosas salgan bien sin intelecto y sin esfuerzo, y eso era algo impensable.

La luz divina no es suerte, no es soplar los dados confiando en que saldrá el seis doble; es destino y el destino se crea.

Con cada obra, con cada decisión. Por eso mismo, estaba claro, Marcos y sus palabras abrirían su discurso.

Ya había tenido lugar el sacrificio, ahora tocaba saborear la sal y empezar a tener paz.

Esa paz era solo una de las muchas cosas que podía ofrecerles.

Y, ¿quién no querría paz en un mundo cada vez más caótico? ¿Quién no querría ser salvado?