Sal amarga CAPÍTULO 108
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CAPÍTULO 108

—¿Por qué no habla con su hermano?

Chelo dejó la gubia y se limpió las manos en el mandil.

—Porque cuando murió mi padre, Ramiro bajó al trastero de la casa de Bujaraloz y subió con una caja, y a mí me dijo que allí no había nada. Y yo había estado en esa caja con doce años.

—¿Qué había?

—Libros de la contrata. De mi abuelo. Con los jornales de los presos. Nombres, días, cantidades. —Lo dijo sin dramatismo—. Yo aprendí a sumar con esos libros, inspectora. Con los jornales de los presos.