Sal amarga CAPÍTULO 109
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CAPÍTULO 109

—¿Y esa caja dónde está?

—La que él se llevó, no lo sé. —Chelo abrió un armario metálico, apartó tres cajas de herramientas y sacó una carpeta de tapas de cartón atada con cinta—. Pero yo, con doce años, arranqué dos hojas porque me gustaba la letra.

Nadia notó que dejaba de respirar.

—¿Y las guardó treinta años?

—Yo guardo todo. Es mi oficio. —Le tendió la carpeta—. Y este año, cuando leí en el Heraldo que un historiador buscaba una fosa en la finca de mi hermano, dejé de dormir.