CAPÍTULO 107
Consuelo Zaporta Mainar, Chelo, cuarenta y un años, restauraba alabastro en un taller de dos plantas con olor a cera y a polvo blanco.
—Sé quién es usted —dijo, sin dejar la gubia—. Y sé qué quiere.
—No lo sabe.
Consuelo Zaporta Mainar, Chelo, cuarenta y un años, restauraba alabastro en un taller de dos plantas con olor a cera y a polvo blanco.
—Sé quién es usted —dijo, sin dejar la gubia—. Y sé qué quiere.
—No lo sabe.