Sal amarga CAPÍTULO 97
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CAPÍTULO 97

Casamayor la acompañó hasta el portal y ninguno de los dos hizo el gesto de despedirse.

—Puedes subir —dijo Nadia—. La casa está hecha un desastre y no tengo nada de cenar.

—Tengo pan y un tomate en la camioneta.

—Eso es más de lo que tengo yo.

Subieron. Cenaron pan con tomate en la mesa de la cocina, sin encender la luz grande, y a las dos de la mañana Nadia se dio cuenta de que llevaba cuatro horas sin pensar en el caso, y de que no le daba ningún miedo.