Sal amarga CAPÍTULO 96
58%

CAPÍTULO 96

Al salir de la venta, Nadia encontró el parabrisas del coche con una grieta en estrella y, en el asiento del copiloto, sobre el cristal roto, un cascote de aljez del tamaño de un puño.

Casamayor llegó dos minutos después y se quedó mirando la piedra.

—Es alabastro —dijo—. Del banco tercero.

—Ya lo sé.

—Es un aviso.

—Es una firma. —Nadia fotografió el cristal, la piedra y el suelo—. Y la gente que firma acaba mal.