Sal amarga CAPÍTULO 88
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CAPÍTULO 88

—Yo no la vi caer y no vi nada —dijo—. Bajé con la linterna porque Domingo me lo mandó, y la vi en el rellano, torcida, con la cámara al lado. Y le dije: Domingo, hay que llamar. Y él me dijo: si llamamos, en este pozo van a mirar todos, y en este pozo hay cosas de mi padre.

Nadia respiró despacio.

—¿Dijo eso? ¿Cosas de mi padre?

—Dijo: aquí está lo de mi padre. Así, con esas cinco palabras. No se me han ido nunca.