CAPÍTULO 87
—Yo tenía veinte años y trabajaba de peón para Domingo —dijo Benito—. Aquella semana me dijo que había que cerrar bien un pozo del monte, que se había caído una oveja. Fuimos el sábado. Y la losa estaba movida.
—Sigue.
—La chica había estado allí. Se veían las marcas de la cinta métrica en el hormigón, y unas fotos de esas de Polaroid tiradas por el suelo, no, mentira, no eran Polaroid, eran… Da igual. Estaba claro que alguien había mirado.
—¿Y la chica?
Benito bebió.
—La chica ya estaba dentro.