Sal amarga CAPÍTULO 86
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CAPÍTULO 86

Benito Ranera abrió la puerta con una lata de cerveza en la mano, vio las placas y se apoyó en el marco como si le hubieran quitado un peso muy antiguo.

—Habéis tardado treinta años —dijo.

Nadia no se movió del umbral.

—Cuéntemelo aquí o en Zaragoza.

—Aquí. Que mi mujer se enteró en 2003 y desde entonces vive con esto igual que yo.