Sal amarga CAPÍTULO 77
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CAPÍTULO 77

A las cinco de la tarde del jueves apareció el primer hueco. Un vacío negro, de aire frío, que soplaba hacia fuera.

El espeleólogo bajó doce metros con arnés y cámara y su voz llegó por el intercomunicador con un eco de bóveda.

—Sala de siete por cuatro. Suelo de bloques. Fondo seco. —Silencio—. Hay huesos. Muchos. Y hay ropa.

Nadia se apartó tres pasos del borde para que nadie le viera la cara.