Sal amarga CAPÍTULO 78
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CAPÍTULO 78

Ramiro Zaporta declaró ante la jueza a las cinco y a las siete estaba en su despacho con la chaqueta puesta y un vaso de agua sin tocar.

—Le he dicho a la señoría lo mismo que le digo a usted —le dijo a Nadia—. Yo no he ordenado ese hormigón. Si Aurelio se ha vuelto loco, es asunto suyo. Y si mi empresa tiene un problema de control interno, lo resolveré con auditores, no con policías.

—Sabe usted que lo van a mirar todo.

—Miren. —Sonrió—. Es una obra de doscientos ochenta millones. Nadie ha mirado nada tan mirado.