CAPÍTULO 76
El hormigón nuevo se quitó con hidrodemolición: dos días de chorro de agua a mil bares, milímetro a milímetro, con un arqueólogo tumbado en una plataforma mirando cada centímetro.
Casamayor estaba al lado de Nadia con las manos en los bolsillos y el gesto raro.
—¿Qué te pasa?
—Que llevo veinte años estudiando cómo se mueve el agua en este yeso —dijo— y nunca se me ocurrió preguntar qué había debajo.
—Nadie pregunta.
—Ya. Es lo cómodo del yeso.