CAPÍTULO 72
La caja del Navara estaba impecable. Impecable como una caja que se friega con manguera y detergente industrial.
—Y por eso mismo —dijo la Científica— he mirado debajo del faldón, en el hueco del anclaje del gancho.
—Y.
—Y hay limo. Limo blanco, con sal. Y dos pelos.
Nadia cerró los ojos un segundo.
—Sal.
—Sal, inspectora. En un coche que se lava con manguera, el agua se lleva la mugre a las esquinas. Y en las esquinas se queda todo.