Sal amarga CAPÍTULO 71
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CAPÍTULO 71

Lo detuvieron a las seis y media de la mañana, en el patio de su casa, mientras cargaba una garrafa de gasoil.

Aurelio Ibort no corrió, no gritó, no preguntó por qué. Se quedó con la garrafa en la mano hasta que un agente se la quitó.

—Mi madre está arriba —dijo—. No la despierten.

—No vamos a despertarla.

—Sí que van. —Le temblaba la barbilla—. Todo el pueblo va a saberlo antes de las nueve.