CAPÍTULO 64
Comieron migas y ternasco en una venta de carretera con manteles de papel.
—Cuando esto acabe —dijo Casamayor—, quiero llevarte a Gallocanta.
—¿A la laguna?
—En febrero bajan setenta mil grullas. Se ponen a comer en los rastrojos y al atardecer entran todas a dormir al agua a la vez. Es lo más ruidoso y lo más ordenado que vas a ver en tu vida.
Nadia iba a decir algo irónico. No lo dijo.
—Vale —dijo.