CAPÍTULO 51
—En Zaragoza. Cena de la patronal en el Aura, hasta las doce y algo. Cincuenta testigos y una factura.
—¿Y después?
—A casa. Mi mujer estaba despierta.
—¿Y su gente? ¿Quién le lleva la finca?
Ramiro dudó un cuarto de segundo, y Nadia lo vio.
—Aurelio Ibort. Le llamamos Lelo, sin maldad. Lleva la maquinaria. Buen chico.
—Buen chico de qué edad.
—Treinta y nueve.