Sal amarga CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

—¿Y después?

—Después, silencio. Ni un correo más entre ellos.

—Eso no es que se le pasara la fiebre. Eso es que dejaron de escribirse porque empezaron a hablar por otro sitio.

—O porque uno de los dos dejó de fiarse del correo.

Nadia se quedó con esa frase toda la tarde.