CAPÍTULO 8
En la cocina, la nevera con un imán del Gallocanta y una lista de la compra sin terminar. En el baño, un cepillo eléctrico cargando. En la mesa del salón, el portátil abierto, con el cable enchufado y la batería al cero.
—Se lo llevaron y volvieron a dejarlo —dijo el agente Saúl Pardinilla—. O nunca se lo llevaron y lo apagaron desde aquí.
—¿Sesión abierta?
Nadia se quedó mirando el reloj del microondas, que iba doce minutos adelantado.
—A las 23:58 él ya estaba muerto o le faltaba poco. Alguien vino aquí después.