CAPÍTULO 9
El comisario Prudencio Gimeno Berbegal tenía cincuenta y cinco años, una úlcera y un teléfono que sonaba demasiado.
—Bergua. Dígame que es un accidente.
—Le digo que es un ahogado sin cartera con el ordenador formateado desde su propia casa.
Gimeno se pasó la mano por la cara.
—Este hombre trabajaba para la Dirección General de Memoria Democrática. Eso significa periodistas el lunes y consejeros el martes.
—Eso significa que alguien tenía algo que perder.
—Eso significa que quiero cada paso escrito. Cada uno.