Sal amarga CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

La doctora Herminia Sancho Bailo, del Instituto de Medicina Legal de Aragón, llegó con dos maletas y un chubasquero que el viento le convirtió en vela.

Levantó el párpado, apretó una uña, miró la boca.

—Espuma en las vías. Ahogamiento, casi seguro. Rigidez completa, livideces fijadas: yo digo entre veinticuatro y treinta y dos horas.

—Entonces murió el viernes por la noche.

—Eso digo yo, no el juez. —Herminia se enderezó—. Y otra cosa: no me gusta la piel. Está demasiado bien. Un cuerpo que pasa la noche en el Ebro en octubre viene más castigado. Este viene… conservado.