Sal amarga CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

Encontraron el segundo zapato ochenta metros más allá, enganchado en una rama.

Nadia lo miró con la linterna: cuero bueno, suela de goma, y en la costura, apretado como masilla, un polvo blanco que no era barro del río.

—Guardadlo aparte —dijo—. Y quiero muestras del limo de aquí, del agua del galacho y del canal.

—¿Del canal también?

—Del canal también. Si alguien lo trajo, lo trajo por agua o por carretera. Y por carretera hay que bajar sesenta metros de talud con un muerto al hombro.

Lasheras miró el talud.

—Yo no bajo ni con la cena hecha.