Prohibido hacer match con tu ex Chapitre 30 #2
71%

Chapitre 30 #2

Según el Instituto Europeo de Identidades Inventadas, mentir en dos datos del perfil es coqueto; mentir en veinte empieza a requerir terapia.

Digamos que escuché como el cerebro de Amanda se ponía a encajar todas las piezas que le acababa de lanzar a la cara, y que hacía un sonido de lo más irritante.

Pero en su rostro se dibujaron varias expresiones que me hicieron entender que aquellas últimas frases habían servido de algo para ella.

Quizá… quizá para mí también fueran a ser de utilidad.

Al menos, me había desahogado. Resultó mucho más liberador que mi último orgasmo.

«Ni de coña».

—¡Pues vale! Desmontémoslo todo —soltó al cabo de unos minutos, tan exaltada que parecía que acababa de enterarse que esa era la Noche de Reyes y había sido una niña muy buena—. Creemos a la Colette Dos Punto Cero.

—¿Y esa quién es? —pregunté molesta—. ¿Otra a la que no conozco?

No me podía creer que aquella conversación no fuera a servir para nada.

—Eres tú, amiga mía, pero mejorada.

Acababa de recibir una actualización como el sistema Android de mi móvil y no me había dado cuenta. ¿Cuánta memoria y cuántos datos había gastado en el proceso? Sí, chiste malo, no me lo tengas en cuenta.

Esperaba no reiniciarme en mitad de una cita. Bastante tenía con que mi vida ya funcionara como un ordenador con Windows noventa y cinco.

—¿Mejorada por qué?

Sé que probablemente era una pregunta muy básica, pero había veces que no entendía qué tenía de malo yo para necesitar fingir que era otra persona. Y, de pronto, ya me estaba pensando en mejorar, como en uno de esos programas de la tele en los que te hacían un cambio integral de imagen.

—Porque de esto solo puedes salir más fuerte, o no salir.

«Visto de esa manera… no salir puede ser una opción».

—Pues prefiero salir, sin duda alguna —dije, a pesar de que mi voz interior se inclinó por la otra.

Punto para Amanda.

—¿Ves? Ya nos vamos entendiendo. Si funciona, es porque es idea mía. ¡Y es buenísima! Y si no… ya sabes. Será porque no supiste ponerla en práctica.

Menos un punto para Amanda.

—Me das dolor de cabeza.

—Pues eso. —Me arrancó el móvil de las manos y se puso a teclear.

Maldita la hora en la que le di mi contraseña—.

Tienes veintimuchos—. Todos sabemos ya que tengo treinta y pocos, pero no importaba una mentira más.

Total, era la más benigna de todas ellas—.

Trabajas en una pequeña empresa que se dedica a hacer de este mundo un lugar mejor.

No eres española. Eres buena gente, pero tienes tu puntito cañero también.

Tienes muchas ganas de salir adelante pero no sabes cómo hacerlo todavía.

Estás en la fase de acierto y error y es divertido y desmoralizador a partes iguales.

Y te apetece conocer gente nueva porque la que tienes alrededor no casa contigo.

¿Contenta? ¡Ah! Vienes de una relación de lo más tóxica con un hombre que consiguió hacerte muy feliz durante un tiempo y te ayudaría mucho un buen polvazo.

Decir que se me desencajó la mandíbula era quedarse corta.

Por primera vez desde que abrimos aquella maldita aplicación, la persona que estaba describiendo se parecía un poco a mí. Lo suficiente como para darme miedo.

—¡Borra eso, Mon Dieu ! Se parece a lo que escribiste la primera vez.

—¿Sustituyo polvazo por unas buenas risas y charlas despreocupadas?

—Suena menos triste lo del polvazo —tuve que reconocerle.

Pero ni de broma iba a dejar que en el perfil se reflejara que estaba desesperada por abrirme de piernas. No era normal y Amanda tenía que entenderlo.

—¿Ves? ¡Si es que tenía yo razón!

¿Le daba otra vez el punto a Amanda?

—Pero no lo vamos a poner.

—¿Por qué no? —Ella ya estaba preparada para ponerse a hacer pucheros.

—Porque suena a mujer desesperada. A mujer que no ha avanzado nada en los dos meses que lleva de citas con tíos raros. A mujer…

—¿Qué mujer no está desesperada de vez en cuando?

«Súmale otro punto, anda».

—No quiero que la gente piense…

—La gente no, los hombres —me corrigió e interrumpió en el mismo acto—. Y recuerda, los hombres en estas aplicaciones no piensan con el cerebro.

«No quieras pensar en la parte con la que piensan. Y creo que le debes ya unos cuantos puntos a Amanda».

—Pues no quiero que los hombres piensen que soy…

—No, no digas lo que tu mente anticuada está pensando —me censuró sin contemplaciones—.

Que eres, no. Que quieres sexo sin compromiso, sí.

Deja de pensar como tus padres. Eres la Colette Dos Punto Cero.

Es más, te vas a llamar así. Dos-Punto-Cero, porque no me deja poner espacios—.

De pronto, ya tenía hasta un nuevo alias—.

Si quieres mi nombre, queda conmigo. No soy ningún robot, pero entretengo más que la IA.

Como publicista no tengo precio —terminó diciendo entre risas, mientras tecleaba.

«Ni abuela».

Pero cualquiera se lo dejaba caer.

Según el último informe de la Comisión Internacional para Amigas que Siempre Creen Tener Razón, el porcentaje de posibilidades de ganar una discusión con Amanda era exactamente el mismo que el de planchar una sábana bajera sin que quedaran arrugas.

Cero.

Bueno... menos cero.