Prohibido hacer match con tu ex Chapitre 17
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Chapitre 17

Profil un peu faux.

(Perfil algo falso)

Pues podían salir mal muchas cosas, eso ya lo sabíamos las dos.

O yo más que Amanda.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Colette, que por si no lo has notado, lo estoy creando sobre la marcha sin ninguna base científica, pero con un cien por cien de convicción, debe de existir una tesis doctoral sobre mujeres que abren Tinder por despecho.

Y estoy segura de que en ella dice que no se conoce el porcentaje exacto de mujeres que lo hacen, pero tiene pinta de ser altísimo.

También estoy convencida de que concluye que el noventa y ocho por ciento lo hace diciendo que solo quiere mirar...

y el otro dos por ciento está mintiendo.

También sé que los estudios indican que el tiempo medio entre instalar Tinder y decir «esto ha sido un error» es de cuatro minutos y medio. Yo batí el récord. Tardé cuarenta y tres segundos.

No me preguntes cómo lo sé. Son cosas que se presienten, como buena bruja francesa.

Podía enumerar un par de cosas que saldrían mal a la primera, como que se descubriera que, con mi cara de niña buena, no era muy dada a quedar para tener sexo, así como así.

De modo que Amanda me sugirió que cambiara la foto de perfil por una en la que se me viera el cuerpo entero de espaldas.

Podía quedar sugerente, ya que tenía un cuerpo bonito, y no mostraba el rostro, que era algo que me incomodaba mucho.

Cogió mi móvil y me sacó una foto en la que se veía parte de la barra, a mí sentada elegantemente en el taburete, levantando la copa de cerveza como si estuviera celebrando algo.

—Sí que celebras. Celebras tu soltería, no lo olvides nunca. Empiezas de cero y eso es algo maravilloso —me animó mi amiga, mostrándome la foto.

La verdad, estaba bastante bien. El bar no se reconocía, pero había luces de neón a ambos lados y le daba un toque divertido.

La copa brillaba y el ladeado de mi cabeza quedaba elegante y gracioso, a la vez que coqueto.

El fino jersey de punto se ceñía con gracia a mi silueta y, aunque no se podía adivinar qué pinta tendría mi escote, dibujaba claramente una cintura fina y unas caderas marcadas.

Hasta se podía apreciar que el culo lo tenía bonito, aunque no muy grande.

—¡Me gusta!

La fuimos a cambiar a la carrera y me encontré con bastantes hombres que ya habían estado metiéndose en mi perfil y habían señalado que yo les gustaba.

—¡Cámbiala ya, por favor! —urgí, nerviosa, creyendo como buena paranoica que mi foto empezaría a circular por todas partes y que les llegaría incluso a mis padres antes de que me metiera en la cama—. Y ya de paso, no pongas la zona por donde vivo o por donde me muevo…

—¿Quieres que le dé a la opción de que aún no tienes claro lo que quieres? Porque, chica, venga a cambiar cosas después de haberle dado el visto bueno.

Tenía razón. Estaba nerviosa y no me decidía.

—Siempre puedo borrarlo y abrirme otro si este me da muchos problemas —pensé en voz alta—. Es como reinventarse una y otra vez.

—No, es mentir una y otra vez —me corrigió la muy ladina—.

Pero no pasa nada, porque aquí todo el mundo hace lo mismo.

¿Qué no funciona lo de ser amante de los animales?

Pones que no te gustan. ¿Qué atraes a bichos raros poniendo que te gusta leer?

Cambiamos y ponemos que lo más largo que has leído es el cuestionario que te hace Tinder para abrir tu perfil. ¡Es fácil!

—¿Y qué respondo cuando me pregunten cuál es mi libro favorito?

—La carta de un restaurante.

—Amanda, s'il te plaît , tómatelo en serio.

—Tiene pocas páginas, fotos y final feliz. ¡Es el libro perfecto!

Tenía que aceptar eso que tanto decía Amanda. Aceptamos barco como animal acuático. O pulpo como animal de compañía.

Todavía sigo sin entender por qué en España los barcos son animales cuando conviene. Entre eso y que aquí «estar como una cabra» no implica ir al veterinario, sospecho que el idioma lo inventó alguien después de una resaca.

—¿Y si me preguntan por los autores que he leído?

—Netflix.

—Netflix no es un autor —la corregí en su gran burrada.

Según mi Centro Francés de Estudios que Nadie Ha Pedido particular, el setenta por ciento de los hombres que responden «Netflix» cuando les preguntas por su libro favorito terminan recomendándote un documental sobre asesinos en serie durante la primera cita.

Y el treinta por ciento restante, también.

Por eso no me apuntaba a la moda del true crime de Amanda, para no salirme de las estadísticas.

—Ya, pero tampoco quiero que acabes quedando con un poeta —soltó, la muy petarda—.

Y eso seguro que hace que te bloqueen. Asunto arreglado.

De ese modo no tienes que soportar su soporífera charla ni rechazarlos tú.

Hazme caso. No quieres poetas. No te llevan al orgasmo.

Te llevan al aburrimiento y al desmayo inminente.

Cualquier persona cuerda me diría que le hiciera caso a la experta, pero cuando la experta se llamaba Amanda y soltaba cosas de esas… se hacía difícil.

—Venga, no pongas solo veinte kilómetros de distancia. Amplía más la búsqueda. Que parezca que me puedes encontrar en cualquier parte.

—Y que te cueste un huevo llegar donde te digan de quedar... Muy bien pensado.

—Amanda…

—Ya voy, ya voy —me aseguró, tecleando con dedos ágiles rápidamente sobre la pantalla de mi móvil—. Replico lo mismo en las otras aplicaciones, ¿vale?

—¿Qué otras?

—Meetic, Badoo, Bloom, Lovoo, Boo, Hinge, OkCupid…

Me dio taquicardia. ¿Cómo iba a gestionar yo todo eso y salir ilesa? Si ya me parecía una locura ir a manejar Tinder…

—¡No! No quiero más.

—Imagina que los tipos interesantes están en OkCupid. Por cierto, me encanta el nombre.

—Los que tienen OkCupid seguro que tienen Tinder.

—Y seguro que en Tinder hay muchas más mujeres y es más difícil que te elijan —razonó ella, no sin cierto sentido común—. Estadística pura, de las que te gustan. ¿No prefieres una menos conocida para empezar?

—Venga, pero solo esa.

—Esa, y un par más. Si quieres te las voy gestionando yo todos los días. Considérame… tu personal lover. Es como un personal shopper , pero para elegir pareja en vez de bolsos y complementos que no podrías permitirte.

Tampoco podía permitirme citas con desconocidos e iba a hacerlo.

—Tú todo esto lo haces para poder meterte en mis elecciones de tíos buenorros y así, de paso, sacarme de tu casa.

—Ni confirmo ni desmiento —soltó la muy perraca—.

¿Quieres que añadamos algo más para darle algo diferenciador a tu perfil?

¿Quizá que te gusta el K-Pop y así das a entender que sabes de qué van las mafias coreanas, que practicas artes marciales y así alejas a los posibles acosadores porque sabes dar buenas patadas, que te gustan los programas de crímenes y así sabes cuando uno va a intentar estrangularte con el cable del cargador del móvil…

—No, déjalo así.

—¿Qué más te gusta?

—De verdad, déjalo así. Me va a costar aprender a interpretarme a mí misma.

—Perfecto —dijo, ignorándome por completo—. Pondremos que haces escalada.

—Nunca he hecho escalada.

—Precisamente. No tienes traumas asociados.

¿Se refería a que no me había roto ningún hueso o que no había pasado nunca por el estrés de verme a punto de morir montaña abajo? Las dos cosas podían ser muy traumáticas, y eran más propias de Oliver que mías.

«¡Lo estabas consiguiendo! ¿Por qué has vuelto a pensar en él? No, no me lo digas. Porque eres idiota».

—Amanda...

—Vamos a ponerte paddle surf .

Me daba vergüenza reconocer un pequeño detalle.

—Amanda, me ahogo en la parte profunda de la piscina.

—Perfecto.

—¿Perfecto? ¿Cómo que perfecto? ¿Por qué siempre todo para ti es perfecto? ¿Quieres que tenga una cita en la playa y que acabe necesitando reanimación cardiopulmonar?

—Transmites vulnerabilidad.

—Transmito necesidad de socorrista.

—Eso también gusta.

Era un caso perdido, pero me hacía reír muchísimo.

Y, con un par de cervezas encima, nos estaba resultando tremendamente fácil tomarnos todo a cachondeo.

¿A quién le importaba que la chica de la foto fuera emocionalmente inestable y estuviera hundida en la más absoluta de las miserias por culpa de su marido?

A nadie. Y a mí, en ese preciso momento, tampoco debía preocuparme.

—Lo de poner que te gustan los Escape rooms , para que sepan que sabes salir de situaciones complicadas… puede ser un plus.

—Y así cuando salga corriendo por la ventana del cuarto de baño del restaurante donde estemos cenando no podrá decir que no lo avisé —bromeé.

En el fondo, tenía su gracia inventarse un personaje nuevo cada vez que quisiera abrir el perfil, colgando una nueva foto y unos nuevos datos. Lo de ser una persona nueva cada día podía tener su punto.

—Pero eso solo te va a servir si lo que quieres es un rollo de una noche —me recordó cuando expresé el pensamiento en voz alta—. Eres muy capaz de ceñirte al guion para llevártelo a la cama, pero para tener una segunda cita…

Casi me sale decirle que quién demonios quería una segunda cita con un hombre cuando podía ir de uno a otro sin consecuencias, pero me acordé de que se trataba de mí y no de la vida que me estaba inventando en ese momento y que probablemente me volvería a inventar la semana siguiente… y no lo dije.

—Vamos poco a poco, ¿vale? Cosas que pueda controlar de momento, pero que no resulten aburridas.

Habíamos borrado lo de que me gustaban los animales, leer y todo lo aburrido para no atraer a tipos del mismo corte que yo, o sea, aburridos, y habíamos añadido unas cuantas cosas que parecían menos tostón y más arriesgadas.

—Lo de hacer Hot yoga… puede ser interesante.

—¿Sabes lo que es?

—¿Yoga follando?

Quizá Amanda había bebido algo más de la cuenta.

—Es hacer yoga con una temperatura alta, para quemar calorías.

—Lo que yo decía. Follar sube la temperatura corporal y quema grasas. Sexo en el Infierno de Dante. Todo correcto, nada que mirar, sigan circulando.

Amanda se partió de risa mientras volvía a revisar las cosas que habíamos señalado como intereses personales y pidió su cuarta cerveza. Yo ya estaba lista para irme a casa, pero me temía que tendría que acompañarla a ella a la suya antes si caía una quinta.

—¿Quitamos lo de Pottermanía? Parece que puede atraer a muchos frikis que se presenten como de Hufflepuff, y a ti lo que te hace falta es una buena serpiente de Slytherin.

Lo dicho, ya estábamos desvariando.

—Quita lo de Harry Potter, venga. Y pon que me gustan los cócteles buenos. Eso me hace parecer más… ¿interesante?

—Y por eso sales con una cerveza en alto en un bar cualquiera. Parece contradictorio, ¿no te parece?

—Creo que la cerveza está sobrevalorada en este país, ya lo sabes. Pero es lo que más se bebe, mon cher …

—¿No hay nada de catas de vinos?

—¡No, por favor! Para eso ya tengo a muchos esperando en París, y suelen ser aburridas y estiradas. Y las catas de vinos son caras. Como me digan de quedar para hacer una tengo que volver a hipotecar la casa o empezar a vender el material deportivo de Oliver.

—También puedes venderlo a él por pedacitos, no lo olvides. Que seguro que tiene dos riñones muy sanos.

Amanda y su manía de descuartizar personas. Y sacarles rentabilidad a sus órganos.

—Lo dejamos así de momento, ¿no?

—¿Miramos a ver a quién le ha interesado tu perfil?

—¿Quieres decir que si les gusta cómo mentimos?

—Eso exactamente.

Me dio miedo enfrentarme a lo que habíamos hecho, pero a la vez tuve que reconocer que sentía una pizca de curiosidad mezclada con bastante emoción y nervios revoloteando en el estómago.

Volvía a ser una mujer con ganas de salir adelante, como el día anterior, cuando me metí en el cuarto de baño y tuve mi primer orgasmo de mujer separada.

Todo iba a salir bien. Y si no, empezaría de nuevo. En alguno de los universos paralelos, al menos, como en Marvel.

—¡Venga!

Al mirar la estadística, y para mi desilusión, había tenido menos visitas y menos interacciones con el perfil al quitar la foto donde se me veía la cara. Hundida en la miseria, así me sentía de pronto. ¡Con lo feliz que estaba hacía un instante!

—Hemos tenido menos visitas.

—Eso es imposible.

—Pues aquí lo pone.

—¿Estás segura?

—Completamente.

—No, no las hemos tenido. Las has tenido tú. No me metas a mí en tus cosas, que no estamos buscando montar un trío las dos. Aunque si quieres que cambie otra vez la configuración de esto… creo que podíamos buscar cosas más heavys .

—¡Ni se te ocurra!

—Aburrida…

Amanda reflexionó unos segundos.

—Tengo una teoría.

—No quiero escucharla —le aseguré, sabiendo que era una tontería y que me la iba a contar diera la negativa las veces que la diera.

—Los hombres valoran mucho la personalidad.

Las dos nos quedamos en silencio.

—No te la crees ni tú.

—No, la verdad es que no.

Otra vez partidas de risa, a pesar de la desilusión y el drama. Y eso, por encima de todo, me reconfortaba.

—¿Y si el problema es mi culo?

—No es problema de tu culo.

—¿Mi cintura?

—No.

—¿Mi cerveza?

—No.

—¿Entonces?

Amanda me miró muy seria.

—Tu cara.

—¡Amanda!

—Los datos son los datos —sentenció, malvada—.

O les hacía mucha gracia tu cara o de verdad le gustas a los valencianos y alrededores.

Muy de los alrededores. Vas a arruinarte cada vez que salgas a ligar por los alrededores.

¿Te he dicho ya que has puesto un margen demasiado amplio para los alrededores?

Incorregible.

—Entonces, ¿volvemos a la foto de la cara?

—No tenemos por qué. Has tenido menos visualizaciones y likes . Eso no quiere decir que no hayas tenido ninguno. Todavía no me resulta preocupante como tu Community manager .

—¿Qué estás haciendo exactamente como mi… como mi…?

—Reposicionando la marca.

—¿De qué hablas? ¿Qué marca?

—Tú.

—No quiero ser una marca —protesté, horrorizada.

—Llegas tarde. Ya te he puesto hasta eslogan.