Chapitre 15 #3
—¿De qué depende? —Sé que suena a canción, no me juzgues.
—De cuántas fotos.
—¿Una?
—Aceptable.
Lo apunté, bajo su atenta mirada. Pareció conforme con lo de que me lo estuviera tomando en serio.
—¿Dos?
—Necesita validación externa.
—¿Tres?
—Está enamorado de sí mismo.
—¿Cuatro?
—Ya no busca pareja. Busca un espejo que sea compatible con el tamaño de sus bíceps. Esa es su pareja ideal.
Había hombres que parecían entrenar más los bíceps que la personalidad. Y el problema era que el gimnasio no tenía máquinas para esa segunda opción de entrenamiento.
Esta vez, la carcajada fue violenta, despreocupada y… ¿alegre? ¿Estaba feliz?
—Séptima… no, octava norma, ¿no? Si tiene perro.
—Eso suma puntos —o eso entendía yo después de ver la descripción de mi perfil, donde aseguraba que me gustaban los animales.
Pero no había especificado qué animales.
De pronto, me vi saliendo con tipos que tenían reptiles o arañas en terrarios enormes a los pies de su cama. Tenía que modificar eso.
—No siempre.
—¿Cómo que no?
—¿El perro aparece en una foto?
—No lo sé. ¿Si la respuesta a eso es sí?
—Perfecto.
—¿Y si aparece en ocho?
—Entonces no está buscando novia, está buscando madrastra, y ya sabes cómo acaba la madrastra en los cuentos.
—¿Descuartizada y si órganos?
—El perro suele comerse los cadáveres, no usarlos para la reventa.
«Debe de haber un informe europeo sobre esto, y seguro que Amanda lo ha escuchado en un podcast».
Me dio un escalofrío al pensar en las series de True crime de Netflix.
—¿Y los que salen sujetando una copa de vino? —preguntó Amanda, como si me estuviera examinando para ver si había aprendido algo con sus lecciones.
—Esos me gustan más. Apunto, novena norma. Pero a la décima va la vencida, ¿vale? Porque esto va a parecer un manual de supervivencia más que una lista y no quiero escribir un libro.
—Pues va a ser un no rotundo —me quitó la razón Amanda.
—¿Por qué? —Para un tipo de hombre que podía tener algo en común conmigo que no fuera una maceta en su casa…
—Porque tú sabes de vino.
—¿Y?
—Y ellos no.
—Eso no lo sabes —aseguré. Había hombres que entendían de vinos.
—Y a los veinte minutos te discutirán una tontería.
—Eso es un prejuicio.
—No. Es experiencia de campo. He salido contigo a varias catas. Te pones insoportable.
Menos un punto para Amanda. La insoportable era ella.
—¿Qué hacemos con los que salen con niños?
—¿Son sus hijos?
—No sé si lo va a poner o no —aseguré, sabiendo que aquella era la norma número diez.
—Descartados los hombres que aparecen con niños.
—¿Por qué?
—Porque si son sus hijos, te lo van a ocultar.
No podía rebatir esa argumentación. También ocultarían la alianza en el dedo si estuvieran casados. Son cosas que no se ponen en un perfil cuando se quiere ligar.
—Y si no son sus hijos...
—Ha secuestrado a un niño para hacerse una foto tierna.
«Algún sociólogo habrá perdido cinco años de su vida investigándolo, no se lo discutas».
—¡Amanda, por favor! —solté, muerta de risa.
—¡Estoy intentando mantenerte viva! ¿No era lo que querías?
Hice una raya en la servilleta, dando por terminadas las normas. Diez eran suficientes, al menos por el momento.
—¿Cuál diría que es la regla más importante de todas?
—pregunté, repasando la lista de la servilleta.
Había una que se había mojado con una gota de mi copa y no se leía bien.
La de los perros, creí que era. Escribí al lado de la zona mojada la palabra perro seguida de una flecha que llevaba a madrastra.
—Fácil.
—Venga, te escucho.
—Si en la descripción pone "no drama"...
—¿Qué? Esa no aparece en la lista. Dijimos diez. No hay ningún post en Instagram que hable de «los once errores a la hora de elegir cita». Diez son suficientes.
—Pues borra a los tíos pescadores y pon esta.
—¡No pienso borrar a los pescadores después de la chapa que me has dado con ellos! Además, creo que voy a estar sin comer pescado una buena temporada por tu culpa.
—Corre. Aléjate de los que dicen «no drama» —siguió ella, pasando de mí.
—Venga, aceptemos una norma más —tuve que claudicar, muy a mi pesar. Once normas. Empezaba a sospechar que encontrar un hombre decente tenía más requisitos que pedir una hipoteca—. ¿Por qué?
—Porque nadie normal necesita avisar de que no quiere drama.
—Puede que simplemente sea una persona tranquila —razoné yo en voz alta.
—Colette, cariño, los hombres tranquilos ponen «me gusta cocinar».
—¿Y los otros?
—«No drama».
—¿Y qué significa?
—Que ellos son el drama —sentenció, y le faltó el mazo en la mano para golpear la mesa tras dictar veredicto—.
Estoy convencida de que existe un estudio que demuestra que cuanto más presume un hombre de que no le gustan los dramas, más probabilidades tiene de convertirse en uno antes del segundo café.
«Si no existe el estudio, deberían financiarlo».
Apunté la norma número once con letra grande. No porque estuviera convencida de que Amanda tuviera razón. Sino porque, llegados a ese punto, era la única persona que parecía haber sobrevivido a suficientes hombres como para escribir un manual de instrucciones.