Prohibido hacer match con tu ex Chapitre 9
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Chapitre 9

Merde.

(Mierda)

Me di la vuelta y me encontré con que había un hombre en mi salón.

Muy desnudo.

Muchísimo más desnudo de lo que permite la buena educación.

El hombre levantó la cabeza y pude reconocerlo entre tanto vaivén, y no precisamente de él. Era Oliver.

O a alguien sospechosamente parecido a Oliver.

Tenía su cara, tenía su cuerpo, debía de tener la llave de nuestro piso…

Estaba sentado en nuestro sofá. Y, lo más preocupante, tenía una mujer sentada encima. No, sentada realmente no. Galopando.

Estaba siendo cabalgado por una mujer que parecía haber sido fabricada por el mismo ingeniero que la de la webcam de aquella tarde.

La chica subía y bajaba sobre sus muslos con una energía digna de una atleta olímpica.

No sé en qué disciplina competiría. O quizá, sí.

Si aquello no era gimnasia artística, que bajara alguien del Comité Olímpico y me lo explicara.

Estaba segura de que el jurado le habría dado muy buena puntuación.

Las redondeces de sus nalgas describían una trayectoria perfecta.

Oliver sujetaba sus caderas como quien intenta mantener el equilibrio en un caballo desbocado. Ninguno de los dos parecía preocupado por la física, ni por la gravedad.

Ni por mi salud mental.

Oliver se veía tan concentrado en la actuación que ni siquiera se había dado cuenta de que yo acababa de entrar.

O quizá sí.

Con él nunca se sabía.

Durante un segundo pensé que estaba teniendo una alucinación provocada por el vino malo. El cerebro hace cosas rarísimas cuando bebes. Luego recordé que solo me había tomado dos copas. El vino era malo, pero no tanto.

—Ah, claro —murmuré.

Porque si mi noche ya era un desastre absoluto, lo lógico era terminarla contemplando una exhibición deportiva en mi propio salón. Faltaba que apareciera doña Ofelia con una pancarta puntuando la ejecución. Y entonces sí que tendríamos unas olimpiadas en toda regla.

Aquello ya no era mi casa; era un apartamento turístico del infierno.