Capítulo 16 #3
Los días siguientes trajeron consigo una normalidad renovada que Bex atesoró con una gratitud especial, consciente de lo cerca que había estado de que todo cambiara radicalmente.
El instituto retomó su ritmo habitual de trabajo, con la preparación de la próxima temporada de campo empezando a ocupar la mayor parte de las conversaciones diarias, y Bex se descubrió, en más de una ocasión, sonriendo sin motivo aparente mientras revisaba datos en la sala de control, simplemente feliz de estar exactamente donde estaba.
Ashworth llamó a mediados de esa semana, con una excusa relacionada con una consulta técnica sobre el artículo publicado meses atrás, y al final de la llamada, casi como una idea tardía, mencionó que había oído sobre la oferta de Norman a través de contactos comunes en el campo.
—Tomó la decisión correcta, doctora Hargrove —dijo, con una convicción que sorprendió a Bex viniendo de él—.
El trabajo de campo requiere un tipo de pasión que no se puede fingir ni sustituir con prestigio institucional.
Lo sé porque yo mismo elegí el camino contrario hace muchos años, y todavía me pregunto, de vez en cuando, si fue la decisión correcta.
—Gracias, doctor Ashworth. Viniendo de usted, eso significa mucho.
—No hay de qué. Y por cierto, espero ver una propuesta de fase cuatro pronto sobre mi mesa. Con la ambición que ha demostrado este equipo, tengo curiosidad por ver hasta dónde puede llegar.
Colgó el teléfono con una sonrisa que se le quedó pegada durante el resto del día, pensando en lo mucho que habían cambiado las cosas desde aquella primera visita tensa de Ashworth, hacía ya casi un año, cuando temía que aquel hombre pudiera destruir todo lo que había construido con tanto esfuerzo.
Ahora, en cambio, sus palabras se sentían como el respaldo genuino de alguien que, contra todo pronóstico, se había convertido en algo parecido a un mentor a distancia, y Bex se permitió, por primera vez en mucho tiempo, sentir que el pasado ya no tenía ningún poder real sobre su presente.
Esa tarde, mientras revisaba con Zane los primeros borradores de la propuesta de fase cuatro que Ashworth había mencionado, Bex se detuvo un momento a observar el mapa que empezaban a esbozar juntos, un corredor completo que se extendía mucho más allá de los límites habituales de Texas central, y sintió una emoción genuina ante la perspectiva de lo que vendría después.
—¿Estás pensando en Norman otra vez? —preguntó Zane, notando su expresión pensativa.
—No, en realidad. Estaba pensando en todo lo que hemos construido desde entonces, desde aquella conferencia hace tantos años. Es curioso cómo una sola decisión, la de no buscarte después de aquella noche, terminó llevándonos, con todos sus rodeos, exactamente a este mismo punto.
—El universo tiene un sentido del humor extraño, a veces.
—O simplemente sabe que algunas cosas necesitan su propio tiempo para madurar del todo.
Zane sonrió, apoyando la barbilla en su hombro mientras revisaban juntos el mapa, y Bex sintió, con la misma certeza tranquila que la había acompañado desde el avión de vuelta de Norman, que cualquier duda residual sobre el camino que habían elegido se había disuelto por completo, sustituida por la confianza sólida de dos personas que habían aprendido, a base de errores y aciertos compartidos, exactamente cómo construir una vida juntos.
Guardaron el mapa esa noche con la promesa de retomarlo al día siguiente, y salieron juntos del almacén hacia el apartamento, caminando de la mano por las calles ya oscurecidas de Austin, con la misma tranquilidad de cualquier otra noche cualquiera, salvo por la certeza nueva, silenciosa pero sólida, de que el futuro que estaban construyendo ya no dependía de ninguna encrucijada pendiente, sino simplemente del trabajo diario y constante de seguir eligiéndose, una y otra vez, con la misma convicción con la que habían tomado cada decisión importante de aquel año extraordinario.
Al llegar al apartamento, Bex se detuvo un momento en la puerta, observando las luces cálidas del interior que Zane había dejado encendidas esa mañana antes de salir, y sintió una gratitud tan simple y tan profunda que le costó ponerle nombre: la certeza de tener un hogar real, construido con esfuerzo y decisiones difíciles, esperándola al final de cada día, sin importar lo que el mundo exterior decidiera ponerles por delante.
—¿En qué piensas? —preguntó Zane, notando que se había quedado parada en el umbral.
—En que hace un año, si me hubieras dicho que iba a rechazar el puesto de mis sueños por elegir quedarme aquí, contigo, no te habría creído. Y ahora no puedo imaginar haber tomado ninguna otra decisión.
—La vida tiene esa costumbre de sorprendernos con las decisiones correctas, cuando menos las esperamos.
—Sobre todo cuando tenemos a alguien a nuestro lado que nos ayuda a verlas con claridad.
Entraron juntos, cerrando la puerta detrás de ellos con la misma normalidad tranquila de cualquier otra noche, y Bex sintió, mientras se preparaban para dormir, que aquel capítulo de dudas e incertidumbre había quedado definitivamente cerrado, dejando espacio para lo que fuera que viniera después en sus vidas, juntos, sin ningún miedo pendiente ensombreciendo el camino por delante.