Presión atmosférica Capítulo 17
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Capítulo 17

La propuesta llegó a través de Marguerite, que la presentó en la reunión semanal del equipo con la misma cautela con la que anunciaba cualquier cosa que sospechaba iba a generar controversia: una productora independiente de Austin quería filmar un documental sobre el trabajo del instituto, centrado específicamente en la temporada de campo y en la reciente renovación de la fase tres de financiación.

—Quieren seguir al equipo durante las próximas semanas —explicó Marguerite, deslizando una carpeta sobre la mesa de reuniones—. Entrevistas, grabación de despliegues de campo, ese tipo de cosas. Dicen que están interesados en contar una historia de ciencia rigurosa, no en hacer un espectáculo.

—Eso es lo que dicen todos —murmuró Zane, con los brazos cruzados y una expresión que Bex reconoció enseguida como la misma cautela que había mostrado el primer día, hacía meses, cuando ella le había advertido sobre convertir el proyecto en un circo.

—Zane tiene experiencia con esto —añadió Bex, dirigiéndose al resto del equipo—. Puede que tenga una opinión más informada que el resto de nosotros sobre si merece la pena.

—Mi opinión es que la mayoría de estas productoras dicen que quieren rigor científico y terminan editando el material para que parezca una persecución de acción, con música dramática y voces en off que exageran cada dato.

Lo viví durante tres años y todavía me despierto a veces pensando en cómo cortaron una entrevista mía de cuarenta minutos hasta convertirla en quince segundos sobre "el peligro constante" de mi trabajo.

—Entonces di que no —dijo Bex, con una simplicidad que pareció sorprender a todo el equipo.

—El problema es que la financiación de la fase cuatro depende en parte de la visibilidad pública del proyecto —intervino Marguerite—.

La Fundación valora los proyectos que consiguen comunicar ciencia al público general.

No estoy diciendo que tengamos que aceptar, pero sería negligente no considerarlo con seriedad.

La sala se quedó en silencio, con Zane mirando la carpeta sin tocarla y Bex sintiendo el peso incómodo de una decisión que afectaba a todo el equipo, no solo a los dos, que habían pasado los últimos meses evitando cualquier tipo de exposición pública sobre su relación con una discreción que ya empezaba a sentirse, en cierto modo, agotadora.

Georgia, que había permanecido inusualmente callada durante la primera parte de la reunión, levantó la mano con una pregunta práctica que rompió la tensión acumulada.

—¿Y qué pasa con nosotros, los que no somos ni Bex ni Zane? ¿Vamos a salir en cámara también, o el enfoque va a ser exclusivamente sobre los codirectores?

—Según la propuesta inicial, el documental sigue al equipo completo —respondió Marguerite—. Aunque, evidentemente, la narrativa principal se centraría en la dirección del proyecto.

—Entonces cuenta conmigo —dijo Georgia, con una sonrisa traviesa—. Llevo toda la vida esperando mi momento de gloria frente a una cámara.

Dutch, por su parte, se cruzó de brazos con una expresión que dejaba claro exactamente lo que pensaba de la idea.

—Yo prefiero quedarme detrás de las antenas, si es posible.

—Dutch, eres la persona más fotogénica de este equipo cuando explicas algo técnico con esa pasión tuya —bromeó Georgia—. Vas a ser la estrella involuntaria del documental, ya lo verás.

—Eso suena a amenaza, no a cumplido.

El resto del equipo se rió, aliviando un poco la tensión inicial, y uno de los investigadores jóvenes, más tímido que el resto, preguntó con cierta timidez si sería posible mantener cierto anonimato relativo, una preocupación que Marguerite prometió trasladar a la productora durante la primera llamada de contacto.

—Propongo que hablemos con la productora antes de decidir nada —dijo Bex, finalmente—. Que nos digan exactamente qué quieren, cuánto acceso necesitan, y qué control tendríamos sobre el resultado final. Si no nos convence, decimos que no, y punto.

Zane asintió, aunque sin perder del todo la tensión en los hombros, y la reunión terminó con Marguerite prometiendo organizar una llamada con la productora para la semana siguiente.

•  •  •

Esa noche, en casa, Zane se sirvió una cerveza con más fuerza de la necesaria y se sentó en el sofá con la mirada perdida en algún punto de la pared, una postura que Bex reconoció como la de alguien procesando algo más complicado de lo que había dejado ver en la reunión.

—¿Quieres hablar de ello? —le preguntó, sentándose a su lado.

—Cuando dejé mi programa de televisión, juré que no volvería a poner mi trabajo, ni el trabajo de nadie que me importara, en manos de un equipo de edición que decide qué historia contar sin preguntarme.

Y ahora estoy a punto de tener que decidir si expongo tu trabajo, el trabajo de Georgia, el de Dutch, a exactamente ese riesgo.

—Zane, nadie te está pidiendo que decidas esto solo. Es una decisión de equipo.

—Lo sé. Pero siento una responsabilidad especial, porque soy el único que sabe realmente cómo puede salir mal.

Bex le tomó la mano, entrelazando los dedos con los suyos, y esperó a que él la mirara antes de continuar.

—Entonces usa exactamente ese conocimiento.

No para decir que no automáticamente, sino para negociar mejores condiciones que las que tú tuviste.

Control editorial, aprobación del corte final, cláusulas de salida si el enfoque se desvía de lo acordado.

Tú sabes qué preguntas hacer que el resto de nosotros ni siquiera sabríamos formular.

Algo en la expresión de Zane se suavizó, la tensión de los hombros cediendo poco a poco ante la lógica tranquila del argumento.

—Eso... en realidad tiene sentido.

—Suelo tenerlo, de vez en cuando.

Zane se quedó callado un momento, dándole vueltas a la cerveza entre las manos, antes de continuar con una vulnerabilidad que rara vez mostraba al hablar de su etapa televisiva.

—¿Sabes qué es lo que más me costó dejar atrás de aquella época?

No la fama, ni el dinero, aunque eso también ayudaba.

Fue la sensación de haber traicionado la ciencia que decía representar.

Cada episodio terminaba con alguna frase grandilocuente sobre "el poder indomable de la naturaleza" mientras el editor cortaba cualquier explicación real sobre por qué se formaba un tornado, porque supuestamente aburría a la audiencia.

—¿Por eso lo dejaste?

—En parte. También dejé de reconocerme a mí mismo en la pantalla.

El tipo que salía gritando "vamos, nena" no era yo, era un personaje que había construido el equipo de producción, y en algún momento la línea entre el personaje y la persona real se volvió tan borrosa que ya no sabía cuál de los dos estaba tomando mis propias decisiones.

Bex le apretó la mano, reconociendo en aquellas palabras una vulnerabilidad que explicaba, mejor que cualquier otra cosa, la cautela extrema que había mostrado durante toda la reunión.

—Este documental es distinto, Zane. Tú tienes control esta vez. No eres un empleado de la productora, eres codirector de un proyecto científico real, con la autoridad de negociar los términos que necesites.

—Lo sé. Y por eso creo que voy a intentarlo, con las condiciones que tú sugieres. Pero necesitaba decir esto en voz alta, para que entiendas por qué me cuesta tanto confiar en el proceso, incluso cuando racionalmente sé que esta vez es diferente.

—Lo entiendo. Y te lo agradezco, por confiar en mí lo suficiente como para contármelo.

Se quedaron un rato más en el sofá, Bex apoyada contra su costado, dejando que el silencio hiciera el trabajo de asentar la conversación, hasta que decidieron irse a dormir, con la decisión sobre el documental todavía pendiente pero con una comprensión mutua mucho más profunda de lo que había en juego para cada uno de ellos.