Presión atmosférica Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—Llevo cuatro años rodeada de científicos. Algo se me ha pegado.

Se despidieron con un último abrazo, y cuando Bex y Zane finalmente subieron al coche camino al aeropuerto, con las maletas cargadas y la veleta en miniatura guardada con cuidado en el bolsillo delantero de la mochila de Bex, sintió que, fuera cual fuera el resultado de aquel viaje, tenía detrás de ella una red de apoyo lo suficientemente sólida como para enfrentar cualquier decisión con la confianza necesaria.

En el coche, mientras Zane conducía hacia el aeropuerto con la radio puesta a un volumen bajo, Bex sacó la veleta en miniatura del bolsillo y la giró entre los dedos, observando cómo las aspas diminutas capturaban la luz del sol que entraba por la ventanilla.

—¿Sabes lo que simboliza una veleta? —preguntó Zane, en un semáforo, mirando de reojo el objeto en sus manos.

—Que el viento cambia de dirección.

—Eso también. Pero mi padre siempre decía que una veleta no lucha contra el viento. Simplemente se ajusta a él, sin perder su forma ni su función, solo cambiando de dirección para seguir haciendo su trabajo correctamente.

—¿Es una metáfora sobre mi decisión?

—Es una metáfora sobre cualquier decisión difícil, la verdad. No se trata de resistir al cambio ni de forzar una dirección concreta. Se trata de encontrar la manera de ajustarse, sea cual sea el viento que sople, sin perder de vista quién eres ni qué es lo que de verdad te importa.

Bex se quedó mirando la veleta en miniatura durante el resto del trayecto, dándole vueltas a las palabras de Zane, y sintió que, por primera vez desde que había llegado la invitación de Norman, algo parecido a la paz se instalaba en su pecho, la certeza tranquila de que, decidiera lo que decidiera, iba a encontrar la manera de ajustarse sin perder lo que de verdad importaba.

Llegaron al aeropuerto con tiempo de sobra, y mientras esperaban en la puerta de embarque, Bex aprovechó para llamar a Marguerite una última vez antes del vuelo, necesitada de escuchar una voz más de su equipo antes de enfrentarse a lo desconocido.

—Buena suerte, Bexley —le dijo Marguerite, con una calidez que rara vez mostraba tan directamente—. Sea cual sea el resultado, quiero que sepas que estoy orgullosa del camino que has recorrido desde que llegaste a este instituto.

—Gracias, Marguerite. De verdad.

—Y una cosa más: no dejes que el prestigio del nombre te ciegue ante lo que de verdad sientes al estar allí. He visto a demasiada gente aceptar puestos prestigiosos que terminaron odiando, solo porque decir que no les parecía un desperdicio de oportunidad.

—Lo tendré en cuenta.

Colgó el teléfono justo cuando anunciaban el embarque de su vuelo, y se giró hacia Zane, que la esperaba con las tarjetas de embarque ya en la mano y una sonrisa tranquilizadora.

—¿Lista? —preguntó él.

—Lista como puedo estarlo, supongo.

—Eso es suficiente. Vamos.

Subieron al avión juntos, con Bex ocupando el asiento de la ventanilla por costumbre, observando cómo Austin se hacía cada vez más pequeña bajo ellos mientras el avión ganaba altura, y sintió, mirando el paisaje familiar alejarse poco a poco, una mezcla extraña de nostalgia anticipada y curiosidad genuina por lo que fuera a encontrar al otro lado de aquel vuelo, en la ciudad donde, hacía ya más de seis años, había comenzado, sin que ella lo supiera entonces, la historia que definiría el resto de su vida.

Zane le tomó la mano en cuanto el avión se estabilizó a la altura de crucero, entrelazando los dedos con los suyos sin decir nada, y Bex apoyó la cabeza contra su hombro, cerrando los ojos un momento para descansar antes de lo que fuera a encontrar en Norman, agradecida, una vez más, de no tener que enfrentar aquel capítulo incierto de su vida completamente sola.

•  •  •

Dutch se enteró de la noticia esa misma tarde, por boca de Georgia, según le confesó a Bex más tarde con una honestidad que no se molestó en disimular, y la abordó mientras ella revisaba el equipo de la Unidad Uno, con la franqueza práctica que lo caracterizaba.

—¿Es cierto lo de la oferta de Norman?

—Es cierto.

—¿Y vas a aceptarla?

—No lo sé todavía, Dutch. Voy a la entrevista, eso es lo único decidido por ahora.

Dutch asintió, procesando la información con la misma calma metódica que aplicaba a cualquier problema técnico, y se quedó un momento en silencio antes de añadir algo que sorprendió a Bex por su franqueza.

—Espero que hagas lo que de verdad quieras, no lo que creas que se espera de ti. He visto a mucha gente en este campo tomar decisiones basadas en el prestigio del nombre en lugar de en si el trabajo realmente les hace felices. No quiero que seas una de ellas.

—Gracias, Dutch. Viniendo de ti, eso significa mucho.

—Solo digo lo que pienso. No se me da bien adornarlo.

—Es exactamente por eso que significa tanto.

Se quedaron trabajando en silencio un rato más, Dutch ajustando el cableado de la antena y Bex revisando el software de calibración, cada uno inmerso en su propia tarea pero unidos por la misma preocupación silenciosa por el futuro incierto que se avecinaba para el equipo entero.