Presión atmosférica Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Desayunaron juntos en la pequeña mesa de la cocina, con los huevos ligeramente quemados y un café que Bex, por primera vez en semanas, no sintió ninguna necesidad de sustituir por té, disfrutando de la tranquilidad extraña de una mañana sin crisis pendiente, sin evaluador esperando, sin nada más urgente que decidir qué hacer con el resto del día libre que ambos, de común acuerdo tácito, habían decidido tomarse después de tres días de tensión acumulada.

—¿Sabes qué es lo más gracioso de todo esto? —dijo Bex, en algún momento entre bocados—. Llevaba ocho años evitando pensar en Ashworth, en Georgetown, en todo lo que pasó aquel año. Y en tres días, tú has conseguido que dejara de darme tanto miedo solo con la manera en que decidiste enfrentarlo.

—No hice nada especial. Solo dije la verdad en el momento adecuado.

—Eso es exactamente lo especial, Zane. La cantidad de gente que sabe hacer eso es más pequeña de lo que crees.

Él se inclinó por encima de la mesa para besarla, con sabor a café y a huevos ligeramente quemados, y Bex pensó que, fuera lo que fuera lo que la fase tres les tuviera preparado a partir de ahora, al menos había cerrado, por fin, una herida que llevaba ocho años entera sin cicatrizar del todo.

•  •  •

Georgia los llamó a media tarde, con una energía que se notaba incluso a través del teléfono, para contarles que el resto del equipo había decidido organizar una cena improvisada esa misma noche para celebrar la noticia como es debido, insistiendo en que Bex y Zane no tenían ninguna excusa válida para no aparecer.

—Dutch está preparando su famoso chile, el que solo hace en ocasiones especiales —anunció Georgia—. Y los investigadores han comprado suficiente cerveza como para abastecer a medio instituto. No podéis faltar.

—Ahí estaremos —prometió Bex, con una sonrisa que no había conseguido borrarse en todo el día.

La cena se celebró en el jardín trasero de la casa de Georgia, con una mesa improvisada hecha de tablones sobre caballetes y luces de colores colgadas entre dos árboles, un eco pequeño pero significativo de la celebración que habían tenido meses atrás en Dripping Springs.

Dutch, efectivamente, resultó tener un chile excepcional, una receta que según explicó había heredado de su abuela junto con las historias sobre el tío Earl que nunca volvieron a encontrar, y el ambiente se llenó de risas y anécdotas que se prolongaron mucho más allá de lo que nadie había planeado.

—Por la fase tres —brindó Georgia, levantando su vaso hacia el centro de la mesa—. Y por que el próximo evaluador que nos manden no tenga ningún historial complicado con ninguno de nosotros, porque no sé si el corazón de Bex puede aguantar otra visita como esta.

—Por eso —repitió el equipo entero, entre risas, y Bex sintió, rodeada de aquel grupo de personas que se habían convertido en algo parecido a una familia elegida, que la ansiedad de los últimos tres días por fin se disolvía del todo, sustituida por la certeza cálida de que, pasara lo que pasara con el proyecto en el futuro, tenía a su alrededor exactamente a las personas correctas para enfrentarlo.

Ya de vuelta en casa, mucho después de medianoche, con el sabor todavía del chile de Dutch en el paladar y el cansancio feliz de una noche entera de celebración, Bex se detuvo un momento en la puerta del apartamento, mirando hacia atrás al pasillo silencioso del edificio, y sintió una gratitud tan repentina que le costó procesarla del todo.

—¿Qué pasa? —preguntó Zane, notando que se había quedado parada.

—Nada. Solo estaba pensando en lo distinta que es mi vida ahora comparada con hace un año. La subvención en peligro, tú apareciendo de la nada como codirector, el miedo constante a que todo se desmoronara en cualquier momento. Y ahora esto.

—¿Te arrepientes de algo de ese año?

—Ni un segundo. Aunque sí me habría gustado ahorrarme algunas de las noches sin dormir por la ansiedad.

—Eso no te lo puedo prometer. Todavía nos quedan la fase tres entera y quién sabe cuántas crisis más por delante.

—Al menos ahora sé que las voy a enfrentar contigo.

Entraron juntos al apartamento, cerrando la puerta detrás de ellos con la misma tranquilidad con la que cerraban cualquier jornada de trabajo bien hecha, y Bex pensó, mientras se preparaba para dormir esa noche, que ocho años de miedo acumulado, de dudas sobre su propio valor profesional, por fin habían encontrado un cierre que ni el mejor de sus modelos de predicción habría podido anticipar con tanta precisión.

Se quedó dormida esa noche con la cabeza apoyada en el pecho de Zane, escuchando el ritmo constante de su respiración, y pensó, justo antes de caer del todo en el sueño, que la fase tres, con todos los retos que sin duda traería consigo, ya no le parecía tan aterradora como unos días antes.

Tenía un equipo sólido, un compañero en quien confiar sin reservas, y por primera vez en mucho tiempo, la sensación tranquila de que el futuro, con todas sus tormentas por llegar, no era algo que tuviera que enfrentar prediciendo cada variable de antemano, sino algo que simplemente podía vivir, un día a la vez, con la misma curiosidad entusiasta con la que había empezado esta carrera hacía ya más de una década.